The Rider – póster

El jinete metálico

¿Dónde se produce la fuerza de voluntad? ¿Será suficiente para asumir lo que toca vivir? ¿Cómo hacerse con ella? Estas son algunas de las preguntas que podríamos hacernos después ver The Rider de Chloé Zhao.

El joven Brady tiene una placa en la cabeza, algo que le incapacita para ganarse la vida como le gustaría, ya que lo condena a no poder seguir compitiendo en rodeos. Poco a poco comprendemos que ese trozo de metal que evita que las ideas de Brady se salgan de su cabeza y hace que todo tenga sentido no es tan grande como la devoción del joven de Dakota por su antigua vida.

La casi debutante Chloé Zhao realiza en su segundo largometraje un trabajo nacido de la devoción de la directora china, que se crio en el Reino Unido y trabaja en Estados Unidos, por aquellos que poseen una familiaridad profunda con la naturaleza del dolor y sus consecuencias en lugares fronterizos.

Brady existe, se pueden ver sus vídeos en YouTube, tal como se muestra en la película, al igual que los de su compañero, también mutilado en un accidente de coche. Todo en la cinta es real: una hermana con síndrome de Asperger, un padre ludópata y una cuadrilla que solo ansía el regreso de una vida pasada en continuo presente para el protagonista. Entre el documental y la ficción, Chloé Zhao encuentra la traducción perfecta para hacer entender al espectador el mundo de Brady. Con toda naturalidad, The Rider acaba perteneciendo a ese género vital y profundamente reflexivo de obras capaces de aunar todo aquello que hace diferente al ser humano del resto de los animales en una sola película.

Brady asoma su mirada al horizonte, unos ojos azules que podrían dar pie a comparaciones con Clint Eastwood, pero nada tienen que ver. Ni la mirada del joven vaquero desprovisto de la savia con la que se consiguen los sueños puede albergar matices de rabia. Todo lo contrario, Chloé Zhao ha sabido dotar al argumento de un carácter más humanista que emotivo, que nos recuerda en ocasiones a Terrence Malick, usando el wéstern solo como contexto para dotar a la historia de ese aire de libertad y belleza resuelta como mensaje hipnótico. The Rider es una historia sobre todos aquellos que aman lo que hacen a pesar de no ser dueños de sus propias vidas.

La directora crea una película sobre el rodeo utilizándolo no como meta, sino como propio género y lugar de peregrinación para sus personajes, como si se tratara de un trozo de tierra donde afincarse en perpetua armonía con la vida que creen que se merecen.

The Rider nos parece una obra necesaria en un panorama cinematográfico en que a veces se nos olvida que es tan importante lo que se ve como la forma en la que se nos muestra. La obra de Chloé Zhao crece en nuestro subconsciente al ser capaz de inseminar esa pregunta fuerte y voraz que ronda toda la película: ¿cómo sería la vida sin uno mismo?