Por el musical La llamada, que lleva más de tres años en cartel en el teatro Lara, han pasado ya cerca de 200.000 espectadores. Gracias a este éxito, sus autores, Javier Calvo y Javier Ambrossi, han decidido dar el salto al cine. Nuestra colaboradora Virginia Pérez formó parte de la figuración del rodaje. Aquí tienes su experiencia en el campamento cristiano de La Brújula, un lugar donde Dios canta temas de Whitney Houston.

Mi experiencia en un rodaje: “la llamada” del cine

Como fiel admiradora del musical La llamada, me enteré por las redes sociales de que los directores (Javier Ambrossi y Javier Calvo, los “Javis”) daban a los fans la oportunidad de participar como figuración en la adaptación de la obra al cine.

Envié un e-mail al equipo de dirección y me respondieron con todos los detalles: lo que tenía que llevar, dónde sería el rodaje y el punto de encuentro del equipo.

Nos citaron a todos en el hotel NH Atocha para trasladarnos a la localización, que se encontraba en una discoteca en un polígono de Alcalá de Henares.

Las escenas que íbamos a grabar como parte de la figuración giraban en torno al momento en que María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) se escapan del campamento de La Brújula para asistir al concierto de su cantante favorito, Henry Méndez.

Cuando llegamos al set, nos enviaron a vestuario para comprobar si íbamos con la indumentaria adecuada para una fiesta. Nos ofrecieron comida y nos dieron algunas indicaciones sobre cómo iba a transcurrir el día.

Grabamos tres escenas diferentes: el momento de la llegada de María y Susana a la discoteca, el concierto de Henry Méndez (con el propio cantante) y el botellón nocturno fuera de la discoteca.

Sin lugar a dudas, lo que más me sorprendió del rodaje fue el maravilloso ambiente de trabajo que crearon sus dos directores. A pesar de su juventud y de que era su primera película, parecía que llevaban toda la vida dirigiendo. Después de cada toma y de cada “corten”, se acercaban al equipo técnico y artístico para felicitarles e indicarles lo que había que mejorar o cambiar, pero siempre con palabras de cariño.

En mi opinión, reúnen todo lo indispensable en un director: tienen las cosas muy claras, saben lo que quieren y cómo lo quieren y lo trasmiten de manera eficaz al equipo. Ambos valoran el tiempo y el trabajo de cada persona. Sobre todo, me pareció un gesto muy bonito por parte de Javier Ambrossi acercarse a todos los figurantes, uno por uno, a darnos un beso y a hablar con nosotros un rato, ¡y eso que éramos más de cien personas!

Otra de las cosas que me gustaron del rodaje fue que entre los figurantes creamos nuestro propio campamento La Brújula. Todos congeniamos. De hecho, el lugar donde esperábamos hasta que nos llamaban para grabar recreaba perfectamente un campamento, con cabañas de madera, mesas largas con bancos, árboles… Solo nos faltaba el lago.

Una curiosidad entre los figurantes es que todos habíamos visto La llamada al menos dos veces. En mi caso, fui al teatro en cinco ocasiones. Somos seguidores entusiastas, y eso se notaba en la ilusión y en las ganas que teníamos de aparecer en la película y aportar nuestro granito de arena.

Me di cuenta de que la gran mayoría de los figurantes no conoce las largas esperas que puede haber entre toma y toma, sobre todo a la hora de iluminar el siguiente plano. Para mí, esos “tiempos muertos” eran algo que ya había sufrido cuando trabajé en cine como parte de equipos de dirección y producción, de manera que ya iba precavida. La palabra que más nos repetían los ayudantes de dirección era PACIENCIA.

Mucha gente piensa que el cine es algo glamuroso, que todo es rápido y fácil. Pero lo que no imaginan es la cantidad de tiempo, trabajo y esfuerzo que hay detrás de una película. Siempre he pensado que las personas que se dedican al cine tienen que sentir verdadera pasión por él, porque si no es un mundo que te puede quemar mucho y pronto.

Después de rodar todas las escenas, de las despedidas y el agradecimiento del equipo, nos dividieron en varios autobuses y volvimos a Madrid.

Cuando llegué a casa después de doce horas de rodaje, me fui a la cama con un único pensamiento en la cabeza; gracias a ese día volví a sentir “la llamada” de lo que verdaderamente me gusta y me apasiona en la vida: el cine.

virginia_perez_marin_presentacion_colaboradoresLicenciada en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga. Realicé un curso de Ayudante de Dirección en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM). He trabajado en dos largometrajes como parte del equipo de dirección y producción. Actualmente vivo en Madrid, donde aspiro a montar mi propia empresa audiovisual.

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