Imagino que, como buenos cinéfilos que sois, alguna vez os habréis parado a pensar en el poder que tiene el cine. El poder para evadirte, para sacarte de tu humilde existencia y transportarte a ese mundo infinito que se te antoja tuyo por unas horas. Eso si la película es buena y te concentras íntegramente en ella. A mí siempre me resultó curioso y fue esa curiosidad, esa capacidad mágica que tiene el séptimo arte, lo que dio lugar a este relato que hoy he querido compartir con todos vosotros en este estreno para este rincón en el que me habéis dejado entrar casi sin llamar a la puerta, lo cual se agradece, y mucho.

Espero que os guste…

Cada semana era la misma historia. Tenía solo veinte años y su vida se había convertido en multitud de vidas que confundía con la suya. Todos se preguntaban por qué no era como los demás, porque pasaba horas y horas sentada frente a esa pantalla de ordenador. Billy Wilder, Alfred Hitchcock, Woody Allen… Una a una se bebía aquellas historias sin hablar con nadie. Las noches eran su refugio para, a escondidas, disfrutar con aquella pasión que la estaba enloqueciendo (o eso era lo que creían todos). Cuando sus padres me pidieron ayuda no sospechaban que realmente sería ella la que terminaría ayudándome a mí, ayudándome a entender, a aprender a escapar…

Sentada frente a mí, con cara de sorpresa, la joven se preguntaba una y otra vez por qué estaba allí. Solo quieren ayudarte, le contestaba. Mi primera tertulia consistiría en hacerle entender que tenía que relacionarse con los demás, que debía dejar de ver tantas películas, que aquello no era real y que corría peligro de confundirlo con la realidad que había dejado de observar… y un largo etcétera que escuchó sin rechistar mientras sonreía constantemente.

“¿Va a usted a menudo al cine?”, me interrumpió un día durante una de mis lecciones sobre la vida de las que nunca llevaban a ningún lugar. Respondí que no, sorprendida a la vez que contenta, ya que, por fin, había conseguido que hablase conmigo. “Pues debería hacerlo”. Me dio un sobre y, sin mediar palabra, se levantó y se marchó. De nada sirvió decirle que la consulta no había terminado, se marchó y nunca más volvería a verla…

Cuando ves cine, cuando una pantalla te dibuja una historia irreal que es real mientras tú la estás viendo, de repente tu vida es esa historia y lo olvidas todo…: que dentro de unas horas tendrás que ir a un trabajo que se te acaba en dos semanas, pese a que te gusta, que el amor no se ha acordado de ti nunca, o que las veces que se ha acordado ha sido para reírse de ti, o que llevas un fin de semana de perros; problemas insignificantes al lado de otros, pero que te dejan bloqueado por momentos. Y los recuerdas en ese odioso instante en que alguien llama a la puerta para interrumpirte, alguien que acaba de sacarte de una historia en la que te sentías muy bien, por cierto. Luego se marcha y vuelves, otra vez, a esa historia, que durante un rato es tu historia, porque te sientes capaz de vivir algo parecido. Piensas que algún día, como acaba de ocurrir en esa historia, algo o alguien vendrá a buscarte, y tú podrás ir en busca de tus sueños, y seguro que todo acabará bien, porque en las películas, en las que no son de drama, claro, todo acaba siempre bien. A ti algún día te pasará igual, vendrá alguien a buscarte y podrás cumplir tus sueños…

Alguien leerá estas líneas y le gustarán, y te propondrá colaborar en su revista. Entonces te creerás capaz de todo, y lo retomarás todo de nuevo, todo lo que habías abandonado cansada de vivir en un absurdo sueño. Reordenarás cada poema que duerme en el cajón del olvido, releerás todos los relatos que un día escribiste, continuarás esa novela que dejaste a medias, y lo conseguirás, cumplirás tu sueño, como sabes que va a hacer ese pintor de la película. Ah, y encontrarás el amor, ese que perdiste hace ya tanto tiempo, ese que fue el único que logró robarte el corazón. De todo eso te sientes capaz, y piensas que a lo mejor este momento de locos que estás viviendo ahora no sea para mal, sino para bien, que sea necesario para empezar a recorrer el camino hacia tus sueños.

Pero luego levantas la cabeza de la pantalla del ordenador y ves que han vuelto a llamarte. Miras el reloj y compruebas que se te hace tarde, que pronto te tienes que ir a trabajar de nuevo, quizás ni te dé tiempo a ver cómo acabará la película… Pero fue bonito mientras duró, mientras pensaste que tú también podías, mientras, ante una verdad que molestaba, fuiste capaz de ponerle un traje de luces, de disfrazarla, y te creíste capaz de todo. Curioso el poder que tiene el cine, ¿eh? Maldita puerta que suena constantemente.

Entonces entendí que aquella chica no tenía que volver, porque no le pasaba nada, al menos nada que alguien entendiese, y por eso tan solo tenía ganas de que dejasen de molestarla. Sonreí, y esa misma noche compré una entrada para ver cine. Yo también había tenido un día de perros…

lidia_villalobos_presentacion_colaboradoresSoy periodista y me dedico al mundo de la comunicación desde hace años. La literatura es una de mis grandes pasiones y ya desde pequeña escribía cuentos y poesías.  Actualmente vivo en Benalmádena (Málaga) donde trabajo en un Departamento de Comunicación y paso mis ratos libres perdida en La Ciudad de las Nubes, donde me siento libre.

Web: La Ciudad de las Nubes

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