Cartel oficial de Punto de Vista en su 11a edición

Lunes, 6 de marzo. Ante la pantalla, aparece el director artístico del Festival Punto de Vista, Oskar Alegria. El escenario queda en penumbra suave, y al lanzar un discurso (¿poesía?) en vasco, él cuenta a la sala una historia casi surrealista: sobre la especie nueva de pingüinos que saben volar. Aunque por lo visto esta historia fue inspirada por una patraña documental hecha hace unos años por la BBC, gracias a él el cuento adquiere el toque de una parábola. Trata sobre un cónclave de pingüinos durante el cual decidieron entre volar o bucear. Los jóvenes optaron por lo último, lo que definió el destino de todos. Y solo recientemente, ante la amenaza del cambio climático, la especie de pingüino de Adelia ha recuperado la capacidad de volar.

Así, metafóricamente, se define el tema de la undécima edición del Festival Internacional de Cine Documental de Navarra Punto de Vista: volar. Recuperar la capacidad de volar en tiempos de cambios alarmantes tanto en nuestro medioambiente y nuestra sociedad como en nosotros mismos. Punto de Vista es la celebración del cine no solo documental, sino en los límites entre ficción y realidad, al margen del cine, aun fuera de él, sobre cine y autores olvidados o nunca conocidos, incluso sobre cineastas que nunca hicieron sus propias películas. Es un vuelo impresionante y muy ambicioso, pero al mismo tiempo silencioso y humilde. Lo iremos contando en dos publicaciones, dividiendo el festival en dos mitades, con una tercera publicación especial con entrevistas a algunos de quienes hicieron posible el festival.

 

ALGUNOS RETRATOS DE LA SECCIÓN OFICIAL

La sección oficial del Punto de Vista la forman 9 largometrajes y 9 cortometrajes procedentes de 20 países, elegidos de un total de 1.290 películas inscritas. Aunque son bastante diferentes en sus temas, estructuras y estilos visuales, se los puede dividir en ciertas categorías temáticas.

Primera. Los que unen o contraponen lo personal y lo social, investigando la influencia de revueltas sociales y políticas y el lugar de una persona determinada en aquellas. Aquí se encuentra uno de los largos del director experimental Mike Hoolboom (Canadá), We Make Couples, una verdadera pieza de poesía ensayística que reflexiona sobre lo esencial del arte visual: la proyección, tanto la que ponemos sobre nuestro rosto, las máscaras que llevamos, como la del cine o los eventos sociopolíticos. Una película que llega al subconsciente del espectador y al suyo propio a la vez.

We make couples, de Mike Hoolboom

Igual que en la obra de Hoolboom, en un cine-álbum la directora inglesa Miranda Pennel trata de reflexionar sobre la historia y la política a través de lo personal; en este caso se trata de Irán y de la presencia de los petroleros británicos en el país antes del golpe de 1953. En el filme The Host la directora actúa como un detective: abriendo los archivos personales de su familia, así como analizando los de British Petroleum en Irán, intenta demostrar cómo los acontecimientos del pasado, tanto geopolítico como idividual, tienen una influencia enorme en el presente. Todo esto usando solo sonido, su propia narración y fotos de archivos.

Segunda. Los cineastas que emprenden un viaje para conocer culturas ajenas a las suyas, que terminan con valiosas conclusiones o impresionantes descubrimientos. Así, el finés Jan Ijas, con su corto Waste no.2 Wreck, se aleja de su tierra natal y esboza un filme-ensayo con un toque de ironía amarga sobre la isla italiana de Lampedusa, conocida como un paraíso turístico y con playas citadas entre las mejores del mundo, después del naufragio de 2013 en el cual perdieron sus vidas cientos de migrantes. La idea de la película es exponer de nuevo el tema más acuciante del discurso social moderno: la crisis de refugiados, pero sin un mostrar ni uno de ellos en su filme. Lo hace jugando con los contrastes, usando la narración de una voz hipnóticamente calma que cita las reseñas de turistas de TripAdvisor mientras se muestra un cementerio de barcos y objetos abandonados.

De igual forma el director brasileño Sergio Tréfaut emprende en Trebnika un viaje en tren por la Europa del Este que sirve como fondo para la narración del libro de un superviviente del Holocausto. Según el director, su propósito no era hacer una película más sobre el Holocausto, sino sobre el presente, representando en este tren solo de ida, lleno de voces, cuerpos y fantasmas, los fantasmas de los Holocaustos modernos: Ruanda, Balcanes, Siria, Mediterráneo… La lista continúa.

Un largometraje más trata sobre el reencuentro de algo innato e íntimo en un lugar a miles kilómetros de casa. En Land Within otra finesa, Jenni Kivistö, hace unos descubrimientos lingüísticos muy curiosos al filmar a los indígenas Wayuu, una tribu que habita el desierto entre Colombia y Venezuela.

Tercera. Técnicas insólitas y experimentos audiovisuales de los cineastas. Aquí destaca sobre todo el corto del cineasta holandés Douwe Dijkstra llamado Green Screen Gringo, retrato de Brasil en el año 2015 con la tensa situación política en vísperas y después del impeachment de Dilma Rousseff, así como de los colores y contrastes de la gente del país. Todo esto usando un instrumento muy curioso en cuanto que se trata de cine documental: un croma, una pantalla verde sacada del estudio, transportada a mano en casi cada una de estas secuencias de la vida brasileña. Ese uso de los efectos especiales en la calle ayuda al director literalmente a editar capas de imagen, incluso a poner a las personas en diferentes contextos para enfatizar así sus observaciones sobre el estado en el cual se encontraba la sociedad brasileña del aquel periodo.

Colombi, de Luca Ferri

Colombi, de la italiana Luca Ferri, juega con el tiempo, las técnicas de narración y la edición del sonido, con una historia sencilla sobre el centenario del amor de una pareja. A través de esta pareja la directora esboza igualmente una imagen del siglo XX, década tras década, que al mismo tiempo permite poner esta obra en otra categoría descrita antes.

Finalmente, en esta sección cabe destacar sobre todo un filme que se coloca al margen del cine experimental y documental: Foyer, del tunecino Ismaïl Bahri. La única imagen que vemos es la de un folio en blanco, colocado frente a la lente, y cuya forma oscila y cambia de color con la vibración del viento. Como en Blue, de Derek Jarman, el papel importante aquí lo desempeña el sonido, en especial el grabado en el mismo lugar donde el director estaba haciendo esta performance con la cámara. Esto nos permite conocer la actitud y pensamientos de los transeúntes sobre experimentos como este. Los límites del cine ya no se pueden medir con los métodos convencionales.

Cuarta. Los documentales hechos de manera casi ortodoxa. Y que tienen, tal vez, la mayor oportunidad de convertirse en un cine para el gran público, nada caprichoso. Aquí se coloca la producción de la República Checa Normal Autistic Film, que al final, utilizando los métodos clásicos de la narración documental, llega a ser mucho más que una película sobre la discapacidad que manipula al espectador con su temática. El director, Miroslav Janek, hace un trabajo enorme, sobre todo en cuanto a la investigación personal de los niños con autismo, sin temer llegar al fondo y traer a la superficie la individualidad de cada uno de ellos. Todo eso, hay que señalar, sin recurrir al perezoso concepto de talking heads. Eso le ayuda a enviar un mensaje muy sencillo pero importante: las personas con autismo no son diferentes, es que todos los demás en el mundo son demasiado parecidos unos a otros.

Converso, de David Arratibel

Y otra película, que seguro que ya se ha convertido en la favorita del público (y no solo por el hecho de haberse rodado en Pamplona, el lugar del festival): Converso, de David Arratibel. Un filme no menos personal que los listados antes, en el cual el director se centra en un tema eterno y difícil: la fe, aún más difícil cuando se trata de la fe y la familia, y cuando uno es el único que se queda fuera. Obligado a ser testigo de la inesperada conversión al catolicismo de cada uno de sus seres queridos, el director vasco se reta a sí mismo y utiliza el cine en cierto modo como terapia, a través de la filmación de “entrevistas” con los miembros de su familia, para escuchar sus historias verdaderamente increíbles pero al mismo tiempo verosímiles. Aquí el método de usar talking heads no resulta aburrido, quizá gracias a la historia, insólita en sí misma. Una película audaz que tendrá todo el reconocimiento que merece.

 

VOLAR, UNOS VUELOS CINEMATOGRÁFICOS

Ya mencionado al principio, el tema artístico del festival de este año es el vuelo y todos sus aspectos: el lanzamiento (sea exitoso o no) desde la tierra, el viento, los habitantes aéreos (pájaros, mariposas, aviones, hombres), la contemplación del cielo, los colores, la adicción, la caída. Cada uno de esos aspectos se refleja en las 11 sesiones del programa Volar, compuesto por cortos de diferentes épocas (desde 1912 hasta 2016) y países, excluidos los dos largometrajes de inauguración y clausura.

Il Castello, de Massimo D’Anolfi y Martina Parenti

Tras la inauguración del festival, justamente después del discurso sobre las habilidades de ciertos pájaros, se parte de cero, lo que precede a cada vuelo humano: el aeropuerto. Il Castello, a manos de la pareja italiana Massimo D’Anolfi y Martina Parenti, se centra en la crónica de un año en el aeropuerto de su ciudad, Malpensa. Un trabajo de mitad documentalistas, mitad poetas, abarca, además del tema de los límites de la privacidad y el derecho a esta cuando se trata de la seguridad de un aeropuerto, la sensación del vuelo interrumpido, que ni siquiera tiene la oportunidad de arrancarse. En la realidad de hoy no cuesta nada cortar las alas. Volver a pegarlas ya será un reto.

Mientras el tema de la contemplación del cielo se revela muy claramente en las secuencias de cortos experimentales (que a veces suponen un reto de más de una hora en conjunto, pero al mismo tiempo ayudan a borrar los límites de la percepción clásica del cine), los habitantes del cielo toman formas diferentes en obras ni siquera parecidas unas a otras. La protagonista de Le battement d’ailes d’un papillon (El batir de las alas de una mariposa), del cineasta ucraniano Aleksandr Balagura, no es la mariposa en sí, sino la poesía de un movimiento breve en el cual desaparecen 25 años de nuestra vida. Con nuevo metraje, los propios fantasmas de Tarkovski componen Nostalgia, ese ensayo audiovisual mostrado depués de Mothlight, la obra experimental de Sam Brackhage. En otra de las sesiones sobre peatones aéreos contemplamos tal vez la primera muerte cinematográfica verdadera tras volar: Death Jump (1912), así como el hombre que vuela de verdad, en el documental sobre saltadores de esquí The Great Ecstasy of the Woodcarver Steiner, dirigido y narrado con el fatalismo típico atribuido al renombrado cineasta Werner Herzog.

 

En la segunda parte del artículo leeréis más sobre la sección oficial y los vuelos, así como las retrospectivas, la demolición de la quinta pared, un cineasta que no hizo ninguna película, cazadores cinemáticos y otros programas de esta edición del Punto de Vista.

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