Noche de venganza

A la sombra de Michael Mann

Cuando hablamos del Hollywood más carente de ideas originales, manido y absurdo, con esta película tenemos una representación del 100 % y con motivos más que obvios.

En primer lugar, la película es un remake de la cinta belga Nuit blanche, por lo que ya tenemos una historia carente de originalidad. Si a eso le añadimos que en esta versión (muy por debajo de su antecesora europea) se intenta recordar continuamente al director Michael Mann y a uno de sus actores fetiche, Jamie Foxx, y se hace, además, con cierta desgana, pues el resultado es una cinta como esta: vacía, carente de sentido y, aunque en ocasiones con un poco de ritmo, lenta a más no poder.

Y es que el montaje no da más de sí. Se intenta innovar con planos cortos, pero se van sucediendo sin ton ni son, lo que despista al espectador por completo, y hace que parezca más un videoclip que una película con una historia que ocurre en tiempo casi real.

Como hemos mencionado, el film intenta emular el estilo de Michael Mann, en especial el de su película Collateral (en la cual, precisamente, Jamie Foxx está espléndido junto a un demacrado Tom Cruise), pero al final queda peor parada que la protagonizada por el actor de Misión: Imposible.

Los intérpretes de Noche de venganza parece que estaban de paso por allí, dan bombo a unos personajes que son los clichés sociales que se tienen de los narcotraficantes, policías corruptos y todo lo que se mueve en la ciudad de Las Vegas; lo hacen sin gracia, con escenas de acción coreografiadas, como si de un videoclip de la mismísima Beyoncé se tratase (aunque una canción de la diva americana puede llegar a tener más palabras que el guion de esta película). Y eso hace que no se la crea nadie.

En el tramo final, llega un momento en el que solamente se oyen disparos y tacos un minuto tras otro, lo que perjudica aún más si cabe el ritmo y el desarrollo del film, y lo peor es que no ocurre nada que el espectador no se esperara antes. Y si pasa, es demasiado irreal o irrelevante como para que no suelte una carcajada o se sienta timado por lo que se le está contando. En definitiva, es una película que te deja igual que estabas antes, la olvidas al salir por la puerta de la sala y, para más inri, te hace pensar que menos mal que fuiste a verla en la fiesta del cine. Quien no tiene consuelo es porque no quiere.

Para finalizar, un último alegato: ¿dónde está el fantástico Jamie Foxx, ese que ganó un Óscar con Ray y que hacía películas de calidad como Django desencadenado o Collateral? Supongo que en su yate contando el dinero que se habrá embolsado con esta película, aunque no haya sido por su buen resultado.

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