Resulta imposible hablar del cine japonés actual sin mencionar a Naomi Kawase, que se ha convertido en estos últimos años en la mayor referencia femenina del cine nipón. Con un total de dieciocho películas —y otra en camino— y once cortometrajes en sus cuarenta y ocho años de vida, Kawase presenta en España este 17 de noviembre su último largometraje de ficción, Hacia la luz (Hikari, 2017).

Aguas tranquilas (Futatsume no mado, 2014)

Ya en sus primeros trabajos en el ámbito del documental, Naomi Kawase plasma en la pantalla sus propias vivencias personales, marcadas principalmente por el abandono de su padre cuando era una niña y la relación con su tía abuela, quien se encargó de ella e hizo las veces de madre y padre.

Esta pérdida influenciaría toda su trayectoria, desde sus primeros cortometrajes documentales, en los que mostraba sus experiencias enfrentándose a sus temores —destacamos Embracing (Ni tsutsumarete, 1992), que contiene la grabación de una conversación telefónica que mantuvo con su padre años después de que se marchara—, hasta sus últimos films ficcionales, en los que el sentimiento de pérdida y abandono sigue estando presente, como ocurre con Aguas tranquilas (Futatsume no mado, 2014) o Una pastelería en Tokio (An, 2015).

Su primer contacto con la cámara se produjo con Me fijo en aquello que me interesa (Watashi wa tsuyoku kyomi o motta mono o okiku fix de kiritoru, 1988), un corto en formato 8 mm en el que mostraba principalmente imágenes de la naturaleza, la juventud y la vejez. Tras otros cortometrajes documentales Kawase pasó a la gran pantalla con la mencionada Embracing. Seguiría en la línea autobiográfica con films como Caracol (Katatsumori, 1994), centrado en su tía abuela, o Kaleidoscope (Manguekyo, 1999), en el que mostraba el paso del tiempo en las ciudades tradicionales como Nara, su localidad natal.

Shara (Sharasôju, 2003)

En 1997 Naomi Kawase comenzaría a resonar internacionalmente con el estreno de su primer largometraje de ficción, Suzaku (Moe no suzaku, 1997), ganador del premio Cámara de Oro a la mejor ópera prima en el Festival de Cannes. Suzaku es un buen ejemplo de la esencia del cine de la cineasta nipona, pues teniendo como trama central la desaparición del padre de una familia japonesa, Kawase se ayuda de la naturaleza, el paso del tiempo y la ciudad de Nara para enmarcar la belleza de la pérdida. Los aspectos citados aparecerán sistemáticamente en todos sus trabajos hasta la fecha. Shara (Sharasôju, 2003), El bosque del luto (Mogari no mori, 2007) y Nacimiento y maternidad (Tarachime, 2006) son algunos ejemplos.

Naomi Kawase crea a lo largo de su carrera una serie de sutilezas cinematográficas que impregnarán todos sus trabajos, consistentes en la belleza de la pérdida o el abandono. La autora recoge sus emociones personales y no duda en llevarlas a la pantalla de manera sutil; una mirada cómplice, el viento al agitar las ramas de los árboles o el silencio que guarda una familia le sirven para emocionar al espectador sin necesidad de palabras. Es por todo ello que se ha convertido en toda una referencia a la hora de hablar del cine de autor japonés.

¿Te ha gustado? ¡Comparte!
Share on FacebookTweet about this on Twitter