Por segundo año consecutivo, la ciudad de Málaga acogió el Málaga Film Score – MOSMA, iniciativa cultural que parte de la dirección del Festival de Cine de Málaga y que incide en su empeño de situar a la ciudad como punto neurálgico de la cinematografía nacional.

 
MOSMA Y LA MÚSICA DE CINE

El MOSMA nació con el objetivo de difundir, celebrar y disfrutar de un elemento fundamental dentro del arte cinematográfico: sus bandas sonoras, acompañamiento imperecedero y mítico dentro del cine, sin olvidar un elemento que hace de este festival un evento único dentro del panorama cinematográfico, la voluntad acercar al gran público a los artífices de todas aquellas músicas míticas del cine que siempre tenemos en mente pero cuyos creadores nos son desconocidos.

Y todo ello sin acomodar la mirada hacia formatos de corte más clásico como el medio cinematográfico, ya que en su programación hay apartados dedicados a la música expresamente compuesta para mundos narrativos más actuales como la televisión y el videojuego.

Trevor Jones durante uno de los “Encuentros MOSMA”. Imagen: MOSMA.

Entre los eventos que se han desarrollado a lo largo del MOSMA, desde encuentros con los compositores invitados al festival, los llamados “Encuentros MOSMA” y “MOSMA Café”, así como firmas de discos, el plato fuerte de la programación residía en los conciertos organizados en distintos lugares de la geografía del casco histórico malagueño —teatro Cervantes, teatro Echegaray, recinto Eduardo Ocón y el “marco incomparable” de la catedral de Málaga— de la mano de directores de orquesta de renombre como Óscar Senén y Arturo Díez Boskovich, director musical del festival, ayudados de batutas invitadas y homenajeadas como, por ejemplo, la del compositor Trevor Jones, que dirigió piezas musicales de Notting Hill (1999) o Dark City (1998).

 
MÚSICA Y MÚSICOS

Los invitados a esta edición tuvieron acento tanto de aquí, como es el caso de Zacarías M. de la RivaTadeo Jones 2. El secreto del rey Midas (2017)— y Víctor ReyesBuried (2010), Luces rojas (2012)—, como foráneo, gracias a la participación de Rupert Gregson-Williams —que estrenó parte del score de una de sus últimas obras, Wonder Woman (2017)—, el anteriormente citado Trevor Jones, que nos dejó el recuerdo, ayudado por la interpretación de la Orquesta Filarmónica de Málaga, de parte del score para el film El último mohicano (1992), y Mac Quayle y Neal Acree, embajadores del mundo televisivo y del universo del videojuego respectivamente.

Mención aparte y recordatorio para Arturo Díez Boskovich y el estreno de una suite, compuesta por el propio director de orquesta, inspirada en el libro Herederos del Imperio, obra publicada dentro del universo Star Wars y que funcionaba como perfecto homenaje a la figura del gran John Williams.

 
DAVID SHIRE Y TYLER BATES, VISIONES PARALELAS

Si hay que reseñar figuras destacadas dentro de la programación del MOSMA 2017, los nombres de David Shire y Tyler Bates aparecen sin dudarlo como los protagonistas indiscutibles de esta edición.

Shire y Bates pueden ser considerados como ejemplos de dos formas de composición cinematográfica bien distintas: la figura de Shire representa la sutileza, el cromatismo musical y la artesanía compositiva, mientras que Bates personifica la contemporaneidad cinematográfica, abundante de épica y apabullante sinfonía eléctrica con más semejanzas con el rock de las que uno puede imaginar.

David Shire durante el evento “David Shire at the movies”. Imagen: MOSMA.

David Shire, compositor homenajeado en esta edición, ofreció primero un concierto íntimo de piano y voz solista junto a la cantante y  también actriz Silvia Parejo en el que repasaron la larga obra del compositor, haciendo hincapié en canciones para obras de teatro y filmes como Norma Rae (1979) o Promesa de amor (1979), para luego pasar a recordar composiciones a medio camino entre el jazz, la melancolía y el suspense de filmes como La conversación (1974) y Todos los hombres del presidente (1976).

Al día siguiente, la intimidad dio paso a la sinfonía y variedad compositiva en un concierto en el que destacaron la celebración de la música disco con Fiebre del sábado noche (1977) o la dinámica de suspense y acción de Pelham 1, 2, 3 (1974).

Pero el plato fuerte de la noche fue la presentación de una suite para narrador y orquesta basada en una de las bandas sonoras más recordadas del compositor: Oz, un mundo fantástico (1985), en la que la narradora, la actriz Didi Conn —esposa de Shire—, ofreció toda una lección de interpretación a la hora de encarnar los distintos personajes que poblaban el maravilloso mundo de Oz arropada por el manto musical de las melodías compuestas por el músico.

Sin lugar a dudas, el premio honorífico que la organización del MOSMA entregó a David Shire por su prolífica carrera cinematográfica y musical se convirtió en uno de los momentos más recordados y emocionantes vividos a lo largo de esta edición.

Tyler Bates durante una firma de discos. Imagen: MOSMA.

Paralelamente, el otro nombre que destacar, Tyler Bates, demostró su calidad compositiva e interpretativa casi en igual formato que su compatriota David Shire, pero a la inversa.

El primer acercamiento de la audiencia del festival al multiinstrumentista californiano fue en plena vorágine orquestal de la mano de la Orquesta Filarmónica de Málaga y el Coro Zyriab con piezas de los filmes 300 (2006), Watchmen (2009) y Guardianes de la galaxia (2014), en las que Bates desbocó épica, guitarra eléctrica y sintetizador para narrar tanto gestas heroicas como momentos de íntimo acercamiento al público ayudado por la preciosa voz del solista Rafe Pearlman.

Su segunda intervención sería en un entorno más cercano a los asistentes, al aire libre, y estructurado con una formación más semejante a un grupo de rock al uso, con bajista, segunda guitarra, batería y voces.

Para esta ocasión, Bates tiraría de trabajos televisivos como el tema principal para Californication (2007), reinterpretaciones de canciones ya clásicas del imaginario pop como White rabbit del grupo Jefferson Airplane —incluida en el film Sucker Punch (2011)—, puestas al día de clásicos del soundtrack como el tema principal para el film Get Carter (2000) y revisiones en clave rock de sus hits para filmes como los mencionados 300 y Watchmen.

Dos visiones paralelas y personales de las bandas sonoras, representaciones de un pasado y futuro cinematográfico que se dan cita en un presente gracias a la magnífica labor de un festival, el MOSMA, del que esperamos una edición para el año que viene con igual calidad y cariño hacia la música de cine.

 
 
 
 

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