La guerra del planeta de los simios

Naufragio en el planeta de los simios

A la gente le fascinan desde tiempos inmemoriales los relatos acerca de la caída de las sociedades humanas, esas organizaciones que parecen muy sólidas, pero que el cine y la literatura se empeñan en demostrar que son tan frágiles que cualquier pequeño evento —un virus, una tecnología nueva— puede llevarlas al colapso en breve tiempo. Casi todas las religiones cuentan con relatos acerca del fin de los días y mucha de nuestra mitología moderna se basa en narraciones ofrecidas por los medios de comunicación de masas que quedan en el inconsciente colectivo. Del temor a la revolución que puede suponer la inteligencia artificial se aprovecha la saga Terminator. Matrix trata de la inquietante posibilidad —que todo ser humano ha pensado alguna vez en su vida— de que nuestra realidad sea una simulación. Series como The walking dead especulan con virus letales que aboquen a la civilización a la más cruel de sus posibles caídas; los X-Men son el reflejo del temor a una humanidad mejorada que deje atrás a los seres humanos tradicionales.

Una de las distopías más sorprendentes de la ciencia ficción se filmó en 1968. Los primeros espectadores que pudieron ver El planeta de los simios (en una época en la que apenas existían los spoilers) se encontraron con una extraña historia en la que un explorador espacial llegaba a un planeta muy parecido al nuestro, pero dominado por unos simios que parecían haber heredado distintos aspectos de la cultura humana y que usaban a hombres y mujeres con la misma funcionalidad con la que nosotros usamos a los animales domésticos. Al final, resultaba que el planeta era el nuestro, algunos siglos después de la caída de nuestra civilización. Pero ¿cómo se produjo esa caída? Esa es la pregunta a la que trata de responder esta moderna trilogía —precuela, la podríamos llamar— de El planeta de los simios. Si bien la primera entrega, El origen del planeta de los simios, era una imaginativa propuesta de ciencia ficción, esta saga contemporánea comenzó a flojear con El amanecer del planeta de los simios y, desde mi punto de vista, naufraga totalmente con el estreno de La guerra del planeta de los simios.

Lo primero que llama la atención de las dos últimas películas de la trilogía es la excusa que escogen para explicar el exterminio de la humanidad. Por mucho que el título de la más reciente quiera evocar otra cosa, resulta que la mayoría de la gente muere a causa de un virus. Así pues, no existe un verdadero enfrentamiento entre civilizaciones, simplemente los seres humanos decaen porque su número mengua tanto que su posición frente a otra raza inteligente se hace insostenible, lo que significa que La guerra del planeta de los simios no muestra una auténtico conflicto a escala global, sino una serie de escaramuzas que acaban —de manera bastante ridícula, todo hay que decirlo— con los últimos restos de resistencia organizada que le quedaban a la humanidad. En realidad, a Matt Reeves le interesa entregar una historia mucho más intimista que épica, lo cual no es malo en sí mismo, pero sí que puede chocar con las expectativas de un gran número de espectadores.

En su último y fascinante ensayo, Homo Deus, Harari Yuval Noah plantea, entre otras muchas cuestiones, si el absoluto dominio de la Tierra por parte del hombre, disponiendo a su antojo de todos sus recursos y exterminando en el proceso a especies enteras, es algo objetivamente justo. Quizá si nuestra respuesta es positiva —ante todo somos humanos y no estamos dispuestos a renunciar ni un ápice a nuestro bienestar— tendremos que concluir que en esta existencia darwinista deberíamos aceptar deportivamente ser vencidos por una especie que se mostrara superior. Esta nueva trilogía no es sino una oportunidad perdida para mostrar con detalle este fascinante proceso. Tal vez hubiera sido mejor optar por una lenta decadencia, por un conflicto gradual entre razas que poco a poco van teniendo menos espacio para una coexistencia pacífica. La solución del virus es, en mi opinión, tramposa, y al final esta tercera película resulta ser un extraño cóctel entre Contagio, Apocalypse now (con Woody Harrelson en el papel del coronel Kurtz) y La gran evasión, pero con un trasfondo bélico bastante tibio. A pesar de todo, la mayoría de las críticas que se han dedicado a esta película son positivas, por lo que desde aquí animo a cualquier posible espectador a que se acerque a su sala de cine y saque sus propias conclusiones.

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