La casa de papel

Ficción española con sello de autor

Cecilia Krull, cantante y actriz de doblaje española, canta My life is going on; los primeros acordes de una guitarra acaban fundiéndose con la voz de Krull mientras vemos los títulos de crédito de La casa de papel, y eso nos indica dos cosas: que los creadores de Vis a vis están detrás de esto y que la ficción española empieza a tener autoría.

Como una explosión de C4, a golpe de M16, trajes chillones envolviendo cuerpos perfectos y perfectamente armados, sesenta y cuatro personas gritando dentro de la Fábrica de Moneda y Timbre, once días para fabricar 2.400 millones de euros, muchas tramas y personajes potencialmente buenos: así empezaba el 2 de mayo La casa de papel con un share del 25,4 % y 4.354.000 espectadores solo en su primer episodio. Después los resultados han ido cayendo hasta llegar a una media de 3.000.000 de espectadores por episodio, números nada malos. La primera ficción de Vancouver Media para Atresmedia acaba esta temporada inicial (que en realidad es solo una, pero dividida en dos partes) emitiendo nueve de sus dieciocho episodios con unos números más que sobresalientes para la cadena. En el ecuador de esta historia de atracadores dispuesta a sacudir la ficción española llegamos a una serie de conclusiones básicas.

Estos son los diez elementos que deben cambiar en La casa de papel para que se convierta en una serie que merezca la pena ser recordada.

  1. No más voz en off

¿Realmente el espectador es tan despistado que también necesita que le expliquen qué significa lo que ya está viendo? Un recurso de guion mal empleado puede convertirse en un lastre narrativo, y más si acompaña a toda la obra, como hasta el momento. Quizás más adelante se pueda disfrutar de una edición de La casa de papel sin voz en off, como se hizo con Blade Runner; podría ser interesante.

  1. ¿Quién es quién?

Cada personaje debe tener un don, una tara, algo que lo diferencie de los demás y a su vez lo haga necesario para la trama. En cambio, los personajes de la serie se parecen mucho, y por eso es aún más difícil reconocerlos en sus particularidades. Presentar a una experta falsificadora escribiendo cantidades sobre un cristal y mirando con lupa un billete no es suficiente, eso lo podría hacer cualquiera. Si eres una falsificadora, haz cosas de falsificadora; el espectador no quiere que le cuentes qué habilidad te diferencia de los demás, quiere que se la muestres. Los personajes son lo que hacen y no lo que dicen, y en La casa de papel se habla mucho.

  1. En mitad de un atraco y solo me importa lo que los demás piensen de mí; ¿por qué?

Ametralladoras, explosivos, sangre y la policía rodeando el edificio. Todo un país en estado de shock ante un atraco emitido en directo a todo el planeta. Pero a los personajes encerrados en la Fábrica de Moneda y Timbre les importa más lo que los demás piensan de ellos que la emoción de perpetrar el mayor atraco de la historia. Además de las consabidas secuencias de “escuchar tras las puertas”, un clásico en las series de Antena 3, esta empeora en los momentos en los que la trama se desplaza de su propia naturaleza: una historia de atracadores.

  1. Demasiada información: ¿es necesaria?

Las horas y los días de atraco expuestos como golpe de efecto sobre la pantalla no ayudan dramáticamente a la obra. Este tipo de recurso funciona si hay una cuenta atrás o una fecha señalada. Que llevemos veinte o cuarenta horas de atraco importa poco al espectador, y eso pone de manifiesto el fallido pulso narrativo de la serie: si no me importan los días de secuestro es que algo falla.

  1. Todos los personajes son buenos; ¿por qué?

Policías, ladrones, locos, perturbados, inmaduros, pijos, pobres, rencorosos, insatisfechos, cobardes, infelices, y ninguno malo. Todos los personajes de La casa de papel son buenos. Los creadores se han preocupado de mostrarnos su lado más humano a través de las subtramas e interacciones entre ellos, y mi pregunta es: ¿por qué? ¿Es necesario agradar tanto? Es una serie de buenos contra malos. ¿Dónde están los malos? Solo existen dos personajes con un verdadero lado oscuro y siniestro: uno es Arturo Román (Enrique Arce), que refleja a la perfección la mezquindad y la cobardía, el egoísmo y el individualismo, como tiene que ser un buen rehén que solo piensa en sí mismo y en salir; y el otro es Berlín (Pedro Alonso), perturbado, siniestro e inteligente a partes iguales, un verdadero suicida en busca de nada. Faltan más malos en La casa de papel.

  1. Si el interés reside en la historia, ¿por qué distracciones insignificantes?

No se entiende por qué tantos desnudos, tensión sexual y flirteos entre los personajes. Están en un atraco a punto de morir, y puede que de manera muy desagradable. Las cosas no están saliendo como planeaban, la policía está cerca, los rehenes empiezan a conspirar… ¿De verdad no son argumentos suficientes para poner en funcionamiento una serie? ¿Por qué me muestran una escena de sexo o chicas quitándose ropa? Lo dicho anteriormente: a medida que se aleja de su naturaleza de historia de atracos, se desvanece.

  1. Si tienes algo bueno, muéstralo

Así de fácil. Entre el reparto hay una serie de actores y actrices cuya sola presencia hace que te quedes pegado a la pantalla; Paco Tous (Moscú) es uno de ellos. Toda la poca veracidad que posee la serie sale a la luz cada vez que Paco abre la boca. Se trata de un actor de categoría que acaba convirtiéndose en una de las razones por las que seguir viendo la serie. Moscú debe ser un personaje con más poder y relevancia, la audiencia acostumbrada a productos de calidad así lo exige.

  1. Un casting perfecto… para una historia de instituto

Lo mejor de La casa de papel, además de su premisa, es sin lugar a dudas su casting. Un grupo de profesionales dispuestos a impregnar de verdad una historia de atracadores, de sueños rotos, de la fragilidad de la esperanza y, por qué no decirlo, un reflejo de nuestra sociedad. Todo esto es lo último de Álex Pina; y con estos mimbres, ¿por qué una serie de atracos acaba convirtiéndose a ratos en una serie juvenil?

  1. Una buena actriz vs. personaje sin profundidad

Úrsula Corberó (Tokio) se hace dueña de la serie dando vida a uno de los personajes más importantes de su carrera. Su presencia enciende cada plano, es imprevisible, dulce, agresiva, pasional y divertida. Úrsula es un volcán a punto de estallar en los momentos más necesarios de la serie, y eso la hace grande. Un papel que bordaría si no fuera por su falta de profundidad. Tokio es mucho más de lo que vemos, es oscura y siniestra, estigmatizada por un pasado macabro. Eso es lo que queremos ver, no a una niñata armada.

  1. Esperemos que todo tenga sentido…

¿Por qué el Profesor ha escogido a esta panda para cometer el mayor atraco de la historia? Algo muy grande deben tener entre manos los guionistas de La casa de papel para darle sentido a esto; si no fuera así, este castillo de naipes se caería.

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