Comienza una nueva edición de uno de los festivales más longevos en la vida cinematográfica malagueña: el Fancine – Festival de cine Fantástico que organiza la Universidad de Málaga. Veintisiete ediciones donde el susto, la casquería, el thriller y lo bizarro es material de disfrute para aficionados al cine de esas latitudes estilísticas. Es por ello que nuestra redacción toma como misión analizar las películas más destacadas de las distintas secciones que componen el festival.  Hay de todo, desde invasiones extraterrestres, oscuros thrillers y piratas somalíes.

Kaleidoscope (Rupert Jones, 2016)

Con un nombre que evoca la época dorada del thriller psicológico, Kaleidoscope vuelve a traer a primera línea los clásicos dramas paranoicos (que en décadas anteriores tan bien funcionaron y que brillan por su ausencia en el panorama actual) con la historia de un jardinero que vive con las continuas visitas de su madre, las cuales le suponen un auténtico martirio paranoide fruto de la perturbadora e insana relación que mantiene con ella. De la mano de excelentes actuaciones como las de Toby Jones y Anne Reid, Kaleidoscope nos encierra en el tortuoso funcionamiento mental del protagonista de esta historia cargada de dolor psicológico y situaciones verdaderamente desgarradoras para su protagonista, en las que Jones destaca a un nivel incomparable. Con todo ello, este filme nos retrotrae a la edad de oro del thriller psicológico con una historia intensa e inquietante que se ve claramente reforzada por su excelente reparto. (Miguel Ángel Vinuesa)

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Bushwick (Jonathan Milott y Cary Murnion, 2017)

El binomio Milott y Murnion, que ya apareció en ediciones pasadas del Fancine con la simpática (aunque irregular) Dulces criaturas, reincide en el fandom, pero con tintes más serios que en su anterior film.

Bushwick arranca con una premisa original: el alzamiento de los estados del sur de los EE. UU. para invadir el país y comenzar una segunda guerra civil y la resistencia que los insurrectos sufren en un barrio de Brooklyn, el Bushwick del título, zona multicultural y étnica. Sin embargo, su “mensaje autoral” queda diluido por una realización que, a simple vista, parece dinámica y tensa en todo momento, pero que pierde garra a pasos agigantados a medida que avanza el metraje.

Si se buscan culpables a la hora de juzgar el resultado, estos son varios, desde unos directores que no saben dar la suficiente carnaza que el público quiere en un film de estas características hasta unos protagonistas (Dave Bautista y Brittany Snow) cuya química es nula, lo que convierte una película que podría haber sido una efectiva serie B en una cinta de acción del montón. (Javier Acedo)

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Before we vanish (Kiyoshi Kurosawa, 2017)

El cine asiático es único a la hora de conjugar y pervertir géneros, realizando mezcolanzas curiosas cuyos resultados, como en todo experimento, pueden llegar a ser irregulares. Claro ejemplo es Before we vanish, último film de otro reincidente del Fancine, Kiyoshi Kurosawa.

La película es una suerte de sci-fi que narra una próxima invasión extraterrestre a escala mundial que se transmuta en algunos momentos en comedia romántica sobre un matrimonio cuya esposa intenta retomar el tiempo perdido junto a un marido poseído por uno de los extraterrestres invasores.

Con semejante premisa, tenía todas las papeletas a su favor para obtener un film curioso, pero la forma de conjugar dichos géneros más un metraje que lastra la narración hacen flaco favor para el disfrute pleno de la cinta, interesante cuando Kurosawa se centra en un género y deja que fluya toda la acción, como ocurre en el desenlace, en que el director deja que todo el carácter lúdico y dinámico despunte, aunque sea a fogonazos, ya que ofrece un epílogo a todas luces extenso e innecesario en su ejecución. (Javier Acedo)

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Mom and dad (Brian Taylor, 2017)

Y, de pronto, llegó una de las mejores películas del festival. Brian Taylor (Crank: Veneno en la sangre, Crank: Alto voltaje) regresa a los fueros del buen “mal gusto” con una comedia negra en la que una extraña epidemia provoca que los padres comiencen a sentir tendencias homicidas hacia sus hijos, lo que desencadena una salvaje cacería de tintes gamberros con el sello de Taylor en todo su metraje: montaje veloz propio de un cartoon, salidas de tono hacia el humor adulto, golpes de efecto con buenas dosis de hemoglobina…, si bien en esta ocasión el director encaja perfectamente un mensaje “autoral” muy ácido sobre los sueños creados en la adolescencia y cómo estos se desvanecen con la familia y las responsabilidades propias de la edad adulta.

Aunque contenga un desenlace en modo coitus interruptus, el film, en su conjunto, es disfrutable de principio a fin, desde unos títulos de crédito revival de los años setenta, pasando por un Nicolas Cage en su salsa de tics histriónicos, hasta un agradecido cameo del guionista de cómics Grant Morrison. (Javier Acedo)

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The cured (David Freyne, 2017)

¿Se ha quedado el thriller encasillado en su intento de rescatar el cine de terror? Todo parece apuntar a que así es. La ópera prima de David Freyne intenta que el género zombi sea un soplo de aire fresco en el plano del terror con su historia acerca de aquellos infectados por el virus que fueron curados y ahora sufren las consecuencias a base de flashbacks y rechazo social, algo que no llega a conseguir por su uso habitual del susto fácil y la necesidad de caer en los recursos habituales para mantener al espectador concentrado. A pesar de ello, Freyne acierta con Ellen Page para contar esta historia postapocalíptica: la actriz se muestra en uno de sus papeles más sobrios, la viva representación de la frialdad del filme. En definitiva, La cura es una película que no despunta pero tampoco desentona, con pequeños detalles que apuntan al tan necesario cambio en el género, pero que sigue recurriendo a los clásicos métodos del cine de terror más habitual. (Miguel Ángel Vinuesa)

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Dabka (Bryan Buckley, 2017)

En plena crisis con la piratería en Somalia, un joven canadiense decide, en uno de los mayores periplos periodísticos que se conocen, viajar al país del este de África para entrar en el corazón de las organizaciones de piratas somalíes y así realizar una labor sin precedentes. Con esta historia se presenta Dabka, un filme basado en los hechos reales ocurridos al joven Jay Bahadur (interpretado por Evan Peters), con el amor al periodismo y el sufrimiento por luchar por aquello que ansías. La película muestra en cada momento su clara intención de desmitificar el trabajo periodístico, que, lejos de ser una lucha idealista, se ve colmado de tensiones, temor y penurias para llegar a conocer el fondo de la cuestión somalí. Sin embargo, el filme peca de no ahondar del todo en los sentimientos del periodista para abusar del reflejo de un temor representado como el precio que pagar por cumplir un sueño, pero que a ratos resulta sobreactuado. (Miguel Ángel Vinuesa)

 

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