Para encontrar el amor
hay que recorrer bares que no son locales,
baños donde poder apreciar la lluvia,
tomar copas que te vuelven loca.
Hay que salir,
hay que buscar algo
que te convierta en ti,
repeler tus cenizas
y volar.
Para encontrar el amor,
hazle caso a tu instinto.
Sé la madre de todas las madres.
Muda tu piel y arrástrate,
siempre que sea por deseo
y lo desees. ¿O no?
Para encontrar el amor
hay que fingir ser vencido,
y vencerás.
Adorar el abrazo
y repudiar el conformismo.
Estar al otro lado de la navaja
y apreciar dolor y peligro…
y esparcir el néctar del placer.
Para encontrar el amor
hay que ver el mundo desde arriba,
como un cirujano en una mesa de operaciones,
reconocer besos fríos y abrazos vacíos,
sin merced ni plaza que te acoja.
Pero habrás encontrado el amor.
Para encontrar el amor
no admitas tu desnudez,
encuentra las ligeras capas de tela que alteran tu destino.
El amor es el sonido de la tela sobre tu piel,
seda incorporada en cuerpos imperfectos;
solo así el mundo podrá entenderlo.
Para bailar, para cantar, para gozar,
para sudar y reconocer tu sabor,
para grabar tu cuerpo sobre el mío,
para comprender el contorno de tus costillas tras tu fina piel,
para escucharte hacer sonidos que son el lenguaje del amor,
para captar tu olor entre otras personas,
para conducir sin frenos por los precipicios del deseo y querer caer… con miedo.
Para apreciar todo eso
hay que hacer el amor.

Texto: Eduardo González
Diseño: Javier Acedo
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