Dunkerque

El realismo del campo de batalla

Existen momentos decisivos en la historia. Momentos en los que las decisiones y la determinación de unos pocos consiguen resultados sorprendentes, que pueden devenir en la semilla de victorias o derrotas venideras. Sin duda uno de esos instantes anclados en el tiempo fue la batalla de Dunkerque, que parecía destinada a quedar como una mera anécdota frente al inmenso desastre que suponía para los aliados la invasión de Francia por parte de los alemanes, pero que al final, mediante una maniobra astuta y prodigiosa, los ingleses lograron presentar ante su gente casi como una victoria.

Lo cierto es que en la primavera de 1940 corrían malos tiempos para las democracias europeas. El apetito de Hitler parecía no conocer límites. Después de haber conquistado, en pocos meses, Polonia, Dinamarca, Noruega, Holanda y Bélgica, la caída de Francia parecía el golpe definitivo que haría que Inglaterra se viera obligada a negociar la paz. Si los británicos hubieran fracasado en la evacuación de Dunkerque, es casi seguro que se hubieran visto obligados a hacerlo y el mundo actual sería muy diferente al que conocemos, de ahí la importancia de los hechos que narra Nolan en su última y espectacular película.

Pero al director de El caballero oscuro no solo le importa obtener una instantánea histórica, sino que es capaz de acercarse a la intrahistoria del acontecimiento y hacernos vivir de manera completamente verosímil la angustia de algunos de sus protagonistas. Porque, con independencia de que fueran conscientes de estar viviendo un momento irrepetible, lo que principalmente anhelaban los soldados británicos era volver a abrazar a sus seres queridos, y más cuando sabían que se encontraban a escasos kilómetros, separados solo por el canal de la Mancha. En realidad, los ingleses no se habían preparado para una eventualidad como esta y apenas contaban con barcos para llevar a cabo una evacuación con garantías, sobre todo porque el lugar donde estaba varado su ejército no admitía el acercamiento de barcos de gran tonelaje.

A esta situación había que añadir el continuo hostigamiento de los Stukas y otros aviones alemanes. La playa se había convertido en una especie de atracción de tiro al blanco para la Luftwaffe y la artillería alemana. En cualquier caso, las esperanzas de los aliados se cifraban en lo que se ha definido por algunos historiadores (el debate sigue vivo) como una de las decisiones más desafortunadas de Hitler en los primeros años de la guerra: detener los Panzers para darles un respiro (llevaban demasiados días de avance y batallas continuas), cuando, según sus generales, un último impulso por parte de estos hubiera echado a los ingleses al mar.

De todos modos, la evacuación de Dunkerque, tal y como se retrata en el filme, no fue una empresa fácil y el gobierno hubo de apelar al patriotismo de sus ciudadanos para organizar en tiempo récord una inmensa flota formada de embarcaciones pequeñas de carácter civil, comandadas por sus propios dueños, la mayoría de los cuales manifestó un gran valor personal para navegar hasta la olla a presión en que se había convertido la costa norte francesa. El hecho de que cientos de pequeñas embarcaciones llegaran al rescate dispersó muchísimo los objetivos y complicó en gran medida la labor de la Luftwaffe, que contó también con la inesperada resistencia de un nuevo avión británico que le volvería a complicar la vida en el futuro inmediato: el Supermarine Spitfire.

Para narrar estos hechos, Nolan ha dado una importancia primordial al asesoramiento histórico, y lo que se muestra en pantalla es una recreación perfectamente verosímil de aquellos hechos, hasta el punto de que hay escenas concebidas para estremecer al espectador, para que se sienta en el centro de la batalla, sensación para la que es fundamental el uso magistral del sonido, uno de los factores principales que hacen perder los nervios a cualquiera que haya padecido una experiencia bélica. La acción está dividida fundamentalmente en tres frentes: lo que le sucede a la infantería en la playa, las batallas aéreas sobre el canal y el viaje de los civiles que emprenden el rescate desde Inglaterra. Todo ello consigue ofrecer una visión de conjunto muy estimulante que, como se ha dicho ya, hace énfasis en el realismo, algo capital para hacer creíble cualquier narración de carácter bélico.

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