David Lynch, el hombre de otro lugar

Portada del libro David Lynch, El hombre de otro lugar de Dennis Lim

David Lynch, el hombre de otro lugar
Dennis Lim
(Alpha Decay. Barcelona, 2017)

Delgado, botones abrochados hasta el cuello, impoluto traje en blanco y negro, flequillo discordante con su edad y un sinfín de movimientos imprecisos y enigmáticos, todo envuelto en una presunta aura de normalidad y armonía con lo que acontece a su alrededor. Esa es la visión que tenemos de David Lynch tras leer la obra de Dennis Lim El hombre de otro lugar, de la editorial Alpha Decay.

Escrita con cierta habilidad entre el ensayo y la compilación de datos biográficos, algo que los escritores americanos saben hacer bien, el autor y programador neoyorquino Dennis Lim presenta esta oda a David Lynch.

El hombre de otro lugar destaca por su clara objetividad y ausencia de pasión irreflexiva. Cuando Dennis Lim escribe:

“Hay cuatro puntos de inflexión en la vida creativa de David Lynch, cuatro momentos decisivos que convirtieron un apellido irlandés común y corriente en un adjetivo que define nuestro tiempo”,

está exponiendo su posición y grado de compromiso con la obra. No estamos ante una biografía, ni siquiera ante un ensayo sesudo y obstinado en intentar descifrar una de las mentes más brillantes del cine americano.

El libro de Lim examina todas y cada una de las obras del director de manera cronológica desde la imparcialidad y la curiosidad propias de un cinéfilo. Incluso llega a tratar temas tan capitales y personales para Lynch como la meditación trascendental, algo de carácter revelador y necesario para el propio director a la hora de descifrar sus obras, como se explica en el libro.

Pero ¿qué podemos encontrar en el libro de Dennis Lim?

El verdadero significado de lo lynchiano, los orígenes de sus obsesiones y demás misterios irresolubles, a pesar de los esfuerzos representados en su obra; algo de su vida personal, lo suficiente para entenderlo un poco más, un largo etcétera de datos reveladores y sobre todo un buen agujero negro donde el propio Lynch se esconde de sí mismo, un lugar secreto en el que millones de espectadores se han perdido sin encontrar respuestas aún a algo tan simple como ¿por qué Lynch es Lynch?

Lynch saca una trompeta y aún sentado, rodeado de interminables cortinas rojas, sonríe levemente mientras el sonido imperturbable de su obra empieza a despertar ese mensaje seminal y vivo en nuestro subconsciente. De fondo se le escucha replicar en voz baja: “Este es un mundo extraño”.

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