Verónica

El terror abraza el cine de autor

A menudo, cuando oímos hablar de cine de terror se nos viene a la mente la habitual posesión infernal que no puede faltar en cada filme que pretende hacernos saltar y escondernos en nuestros asientos. Marchas prematuras, algún que otro juguete, espíritus que aún no se han ido, lugares malditos… Y así hasta llenar hojas y hojas de guion que parecen salir de la misma cabeza pensante (Insidious, No apagues la luz, Annabelle…). En este caso nos encontramos con tres jóvenes en el desván de un colegio, una ouija, velas, un espíritu al que llamar… A priori todo parece indicar que es materia prima para otra película de terror olvidada a los pocos días de su visionado; sin embargo, siempre hay lugar para una grata sorpresa, y ahí es donde entra Verónica.

Basada en el caso real de la familia Gutiérrez Lázaro, con el único informe policial que relata sucesos paranormales en España (expediente Vallecas), la película de Paco Plaza cuenta la historia de una chica de apenas quince años que, tras llevar a cabo una sesión de ouija con dos amigas, vive extraños e inexplicables sucesos relacionados con su difunto padre, por lo que se ve obligada a proteger a sus hermanos y a sí misma de lo que parece ser una presencia no perteneciente a este mundo. Con ello, Verónica es limpia, oscura y capaz de romper con esos tópicos que suelen lastrar al cine de terror, con escenas capaces de evolucionar desde el ocultismo a situaciones del todo explícitas (como la pesadilla en que Verónica cree ser devorada por sus hermanas), que mantienen al espectador en una tensión que no llega a romperse hasta el final, más propia de un thriller que de aquellos filmes a los que nos tiene acostumbrados el género. Posiblemente este punto sea el más destacable del trabajo de dirección: conseguir una película que no abuse de los ataques a la tranquilidad del espectador y se obligue a mostrar un buen argumento para que aquel se sumerja en los distintos sucesos.

Con un comienzo en el que se observa a una chica en plena pubertad cuidando de sus tres hermanos pequeños en un ligero guiño a la soledad que la acompañará hasta el final del filme, y que Paco Plaza toca con especial sutileza, Verónica es capaz de superar la bajada de tensión que pueden suponer sus momentos más calmos impulsando su argumento con la aparición estelar de Consuelo Trujillo (en el papel de hermana Muerte, una monja anciana del colegio en el que estudia Verónica que también puede ver las sombras que la acompañan) y de la propia Sandra Escacena (Verónica) en el exigente rol protagonista. Así, el intento desesperado de la chica por poner fin a tres días de sucesos inexplicables acudiendo de nuevo a la clásica ouija nos trae el caos y el dramatismo con el que Paco Plaza cierra una historia cargada de oscuridad y tensión.

En definitiva, Verónica consigue que el tan denostado género de terror pueda también verse desde el filtro del cine de autor, elaborado y minuciosamente dirigido para atraer al espectador y no únicamente para asustarle a cada rato, algo que el cine español puede atribuirse sin complejos después de este filme, que a su vez muestra la evolución de Paco Plaza desde un terror agresivo como fue el de la saga REC a un thriller estático y limpio que engancha desde los primeros minutos. Así, Verónica es, sin lugar a dudas, referente en su género y, por qué no, en el cine español reciente.

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