Tres anuncios en las afueras

Consecuencias de lo inevitable

¿Qué pasa cuando descubres que tu dolor no significa nada para nadie? ¿Qué ocurre cuando todo lo que te importa carece de valor para los demás? ¿En qué puede creer una persona que siente que nadie la entiende?

Mildred (Frances McDormand) vive en un pequeño pueblo junto a su marido y dos hijos, hasta que un noche alguien viola y asesina a su hija. Pasados los meses y ante la ineptitud de las autoridades locales, Mildred toma una decisión que hará cambiar de postura ante lo sucedido a su familia y a todo el pueblo.

Después de un viaje por la América profunda, el director y dramaturgo Martin McDonagh quiso escribir una película sobre las pequeñas localidades esparcidas por todo Estados Unidos, donde quizás hoy en día se puedan encontrar los verdaderos valores de una sociedad desgastada y falta de respeto a sí misma después de Trump, porque Tres anuncios en las afueras es una película pos-Trump.

El último trabajo de Martin McDonagh es la obra de un guionista para bien o para mal, lo cual está lo suficientemente representado en la efectividad de su lenguaje cinematográfico, en la creación de unos personajes desorientados en sus deseos y oficios, en sus eficaces e incómodos giros de guion y en su irreal (como halago) transformación de personajes. Todo esto lleva a pensar a los espectadores que poco importa en Tres anuncios dónde están y qué hacen sus protagonistas, solo nos percatamos de lo que adolecen y transmiten, de su reacción, porque todos están conmocionados por lo ocurrido a Mildred, pero nadie se lo dice. Sin embargo, sería injusto alabar la obra solo por sus aciertos de puesta en escena, también consta de grandes actuaciones como las de Frances McDormand y Sam Rockwell, actores con los que el director contactó antes de ponerse a escribir el guion. Lejos de desmerecer la autoría del propio McDonagh, podríamos encontrar en Tres anuncios referencias al mundo de los Cohen, pero en esta ocasión con una visión más optimista y menos ridícula del pueblo americano; incluso con toques lynchianos en algunos momentos, con esos policías de dudosa profesionalidad que ni se inmutan ante una pelea o siguen trabajando en lugares calcinados, también en la presencia de lo natural como testigo de lo ocurrido y en la poca fe en la realidad y en la posibilidad de aclarar y salvar “algo” de los seres que la habitan.

Tres anuncios en las afueras pone de manifiesto el gran problema de nuestro último siglo: la incomunicación y la falta de empatía.

En gran medida somos lo que vemos, hasta que un día todo deja de ser lo que parece para nosotros y acabamos, en algunos casos, dando miedo, transformándonos en lo que a los demás les gustaría ser, como le ocurre al personaje de Mildred. Ese pensamiento podría ser el leitmotiv de todos los personajes de la última película de Martin McDonagh, un grupo de seres cargados de consecuencias de lo inevitable.

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