Todo el dinero del mundo

Toda la libertad del mundo, señor Scott

Todo el dinero del mundo, cartel de la películaEn la filmografía de Ridley Scott conviven un sinfín de cineastas posibles. El primero es un creativo en sus inicios, más preocupado por una visión estética de sus obras que por su contenido, en busca del prestigio dentro de la industria hollywoodiense. En este brillante periodo él mismo se acaba considerando su propio dueño y señor, con el amparo de los mejores profesionales del sector. Después existe un director posmoderno colmado de un talento inusual para llevar a cabo buenos proyectos, con firmes guiones y reparto en estado de gracia, que crea involuntariamente memorables obras maestras del cine y sus secuelas. Aquí Scott se pierde, no digiere el éxito y huye despavorido de todo halago, porque lo único que quiere el director inglés es rodar. Y para finalizar, Scott acaba convirtiéndose en su mejor versión, sin límites creativos ni perro que le ladre si todo sale mal o no como los demás quieren; lo asume y a otro proyecto.

Todo el dinero del mundo es la historia de un secuestro, pero no la del secuestrado ni mucho menos la del secuestrador. La última película de Scott narra un hecho verídico ocurrido en Italia en 1973 al millonario más rico del mundo en ese momento, el señor J. Paul Getty. Un hombre que, como se explica en la película, “prefiere las cosas a las personas porque no le decepcionan”. El hecho de que el señor más poderoso de Italia no quisiera pagar a los secuestradores una mísera cantidad por la vida de su nieto puso cara y voz a la codicia ante los ojos del mundo. Paul Getty era un monstruo y la película de Scott realiza un ejercicio de acercamiento no con la intención de diseccionar la personalidad de Getty en busca de respuestas, sino todo lo contrario. Todo el dinero del mundo expone el resultado del capitalismo, cada vez más presente en nuestra sociedad, y sus futuras consecuencias. Scott filma a Getty como un ser convencido de que todo lo que hace es por un bien superior, el suyo, y de que nadie tiene derecho a quitarle ni una pizca de su ideología a alguien que lo ha conseguido todo trabajando más que los demás.

Todo el dinero del mundo: Michelle Williams A la película le ha perseguido la polémica. A escasos meses de su estreno y tras las denuncias a Weinstein, saltó el escándalo Spacey. En solo nueve días Christopher Plummer, la primera elección del director, que finalmente desestimó, pues Kevin Spacey era más atrayente para la taquilla, tuvo que rodar toda la parte de su compañero.

La configuración de un universo propio que mezcla con extrañeza y falta de lirismo dimensiones del mejor cine comercial, el terror del “basado en hechos reales” y la fábula del escorpión y la tortuga reconvertida para espectadores sin gusto por el cine clásico es uno de los mayores logros de Todo el dinero del mundo. Ridley Scott se posiciona como el mayor emprendedor del mundo del cine: hace el cine que quiere, como quiere y con quien quiere, sin tener en cuenta el valor de su legado cinematográfico ni el rendimiento en taquilla de su obra. Con unos personajes que acaban importándote poco o nada, en una trama con todo a favor y que se posiciona en contra de lo que puede parecer orgánico y ordinario en cuestión de texto dramático, con una producción que no ha reparado en gastos, Ridley Scott finalmente rueda una cinta prescindible pero llena de libertad creativa. Porque el señor Scott hace con su trabajo y su tiempo lo que quiere sin que nadie lo ponga en duda. Bravo, señor Scott.

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