Tierra firme

Porque la vida fluye por muchos cauces

Cierta expectación se genera cuando se sabe que el director Carlos Marques-Marcet estrena su siguiente película, y es que con una carta de presentación tan delicada y brillante como fue su ópera prima, 10 000 km, existe la incógnita de si seguirá la línea que le ha caracterizado: su capacidad de mostrar en pantalla las vicisitudes por las que pasa una relación de pareja.

Tierra firme es una atípica comedia romántica con tintes de drama que nos hace ver las desavenencias que acarrea la toma de decisiones en una relación sentimental. En el recorrido de nuestra vida nos podemos encontrar con etapas, cambios (el símil del barco que representa esos balanceos y vaivenes de la vida está muy bien utilizado), y mientras algunos deciden avanzar y buscar una nueva estabilidad en tierra firme, otros prefieren quedarse anclados y dar tumbos de una orilla a otra.

Este es el caso de Kat (Natalia Tena) y Eva (Oona Chaplin), una pareja de enamoradas que se enfrenta a la llamada de la maternidad por parte de Eva. Sin embargo, Kat no lo tiene tan claro, ya que ese paso trastocaría la vida independiente y descuidada que ambas viven a bordo de su barco por los canales londinenses. A esta decisión se le une un tercero en discordia, Roger (David Verdaguer), el mejor amigo de Kat, que llega de visita a Londres y no ve descabellado aportar su “semillita” al plan. Lo que para Eva es una donación generosa de Roger, para Kat es la donación de un problema a su relación, pero si quiere conservar a su novia tendrá que ceder.

Es curioso cómo Marques-Marcet utiliza el tema del distanciamiento. En 10 000 km pone de por medio una distancia física entre los personajes. En cambio, en esta obra nos presenta la distancia interna y emocional que existe entre las protagonistas sobre el tema de la maternidad.

Un elenco ganador que merece repetir

Tras la evidente química entre Natalia Tena y David Verdaguer en 10 000 km, el director barcelonés repite estrategia al volverlos a juntar, esta vez en el plano amistoso. Reflejan una complicidad que da naturalidad y frescura a la historia. A este dúo triunfador se le une Oona Chaplin para así formar un trío de actores soberbios en sus interpretaciones: un David guasón pero tierno y con gran solidaridad hacia sus amigas; una Oona decidida y sentimental; y una Natalia complaciente (con su insistente “¿qué necesitas?” hacia Eva, sin comprender lo que realmente su novia reclama), segura de sí misma, aunque inmadura y temerosa por romper su perfecta rutina de dos.

Sin quitar mérito a los demás departamentos, Tierra firme se podría calificar como una “película de actores”. No necesita efectos especiales, ni grandes decorados, ni muchos artificios para que sus personajes, con un guion bien construido (escrito por el mismo Marques-Marcet y Jules Nurrish), transmitan autenticidad al relato y empatices con lo que se narra.

En cuanto a la parte formal, es un film con un tratamiento simple y que en algunas escenas apuesta por alargar los planos. Con ello favorece los subtextos y nos hace ver los matices no expresados verbalmente. Nos imaginamos lo que les pasa por la mente a los personajes por sus gestos, sus caras, su expresión corporal, sin necesidad de ser explicado con palabras. No obstante, peca de estirar demasiado este recurso.

También es mencionable la hábil inserción de los créditos. En su comienzo, a la vez que se proyectan, se realiza un travelling de acercamiento a través de un canal de Londres que nos lleva a la imagen de Eva. Y en su final, utiliza parte de la trama para retener al público.

Como última apreciación, Tierra firme es de obligada reproducción en su versión original, ya que está rodada en dos idiomas: inglés y español.

Por mi parte, solo me queda añadir que espero ansiosa el próximo trabajo que Carlos Marques-Marcet nos quiera ofrecer, para, de este modo, seguir saboreando esa particular visión de la vida y del amor que tiene el director catalán. Porque lo que queda claro es que su carrera va por buen cauce.