Spider-Man: Homecoming

Le advertimos que puede que el clásico de los Ramones no le permita escuchar el auténtico movimiento de fondo que le otorga la factoría Marvel Studios a uno de sus grandes iconos y una de sus franquicias más problemáticas, cinematográficamente hablando, en Spider-Man: Homecoming.

Imagínese que es el dueño de una pequeña empresa de reformas y que por lances del destino (invasión extraterrestre) el gobierno le ofrece una gran oportunidad para que su empresa pase de ser poco solvente a sostenerse por sí misma. Ahí va usted a contratar gente, comprar herramientas e invertir el poco dinero que le queda en la gran oportunidad de su vida. Todo va a la perfección hasta que un día el gobierno se cansa y decide prescindir de sus servicios sin previo aviso, importándole poco o nada todos sus sacrificios económicos y personales. Colmado de deudas, desolado, sin esperanza y con una familia que mantener, ¿qué haría usted? Este podría ser el argumento de una película de Ken Loach y su guionista habitual, Paul Laverty, pero no, estamos hablando del último trabajo de Marvel Studios / Columbia Pictures / Pascal Pictures en nuestras pantallas: Spider-Man: Homecoming.

Spider-Man ha vuelto y no hace falta decir quién es, de dónde viene y por qué hace lo que hace. En esta ocasión su director, Jon Watts, nos narra de forma distendida, alocadamente juvenil y contextual los verdaderos deseos de un chico menor de edad con poderes sobrenaturales y sus inquietudes. ¿Qué quiere hacer Peter Parker con sus poderes y por qué debería hacerlo? Para todo esto cuenta con la ayuda de Ironman y la sombra de los Vengadores, excesivamente alargada en este nuevo universo Marvel, en una trama dedicada a dar sentido y dirección a todo lo que planea por la cabeza de este joven aprendiz de superhéroe en sus comienzos. Pero mentiríamos si le dijéramos que fuera al cine pensando que solo disfrutará de una película de superhéroes al uso.

Spider-Man: Homecoming recuerda en ocasiones al mejor cine de los ochenta dirigido por John Hughes como The Breakfast Club (El club de los cinco) y Ferris Bueller’s Day Off (Todo en un día) en su labor de exposición y retrato dramático de la juventud actual y los problemas que le ha tocado vivir, sin dejar de contar como agrio telón de fondo las desgracias de una sociedad en continuo cambio que solo busca seguridad y sentirse parte de algo tras el 11-S, tanto emocional como económicamente. Jon Watts realiza un trabajo de dirección digno acompañado de una legión de guionistas dispuestos a volver a contarnos la historia que todos sabemos pero de manera distinta, y lo consigue.

Algunos sostienen que el clásico de los Ramones Blitzkrieg Bop hablaba sobre la decadencia de algunas bandas empeñadas en tocar temas del pasado, incapacitadas para entender su propio presente. Lo dicho, que puede que ese movimiento de fondo (peli de superhéroes) no les deje ver la realidad. Jon Watts lo ha entendido y por eso en los títulos de crédito finales de Spider-Man: Homecoming suena el clásico de los Ramones: «Hey! Ho! Let’s go!».

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