Sin amor (Loveless)

Entre vidas

Sin amor (Loveless) - Cartel

Andrey Zvyagintsev se ha erigido como uno de los directores más interesantes dentro del panorama ruso actual desde que hace tres años ganó notoriedad con su galardonada Leviatán. Con Loveless, su última película, sigue la misma línea como retratista de personajes dolientes, pero esta vez hace un film más personal.

Si en su anterior cinta se podía vislumbrar la podrida maraña estatal como principal antagonista, esta vez el enemigo es aún más invisible, pues se esconde en cada esquina y se materializa únicamente cuando la tensión entre los personajes resulta insoportable. La desolación de lo anodino en las familias acomodadas de Rusia sirve como telón de fondo para esta historia, siguiendo la línea de Zvyagintsev de articular el relato de manera pausada y contenida, con los puntos de inflexión que hacen avanzar el guion haciéndose de rogar en la medida de lo posible.

La película cuenta la historia de un matrimonio aburrido que no se soporta, cuyas constantes peleas hacen que su hijo se fugue de casa. La pérdida del hijo supone para sus progenitores más un problema de agenda que otra cosa, y saca a relucir los peores sentimientos de los dos. Cada uno le busca por separado, cada vez con menos esperanzas.

En una secuencia, la madre corre en una cinta con un chándal de Rusia, complacida pero eternamente insatisfecha. Recuerda, tal vez, cuando su madre le advirtió de que no se casase ni tuviera a su hijo. Este momento encuadra el modo en el que los personajes de la película se muestran poco dinámicos, pero lo bastante complejos como para expresar a través de ellos mismos con suficiente energía el vacío que sienten.

Sin amor (Loveless) - Zvyagintsev

En el cine de Zvyagintsev es un punto recurrente la infancia destruida y el conflicto familiar. El director consigue transmitir un sentimiento de frío asentamiento de la desilusión y el pesimismo en la vida cotidiana, principalmente a través de la actuación del reparto y el ritmo del montaje. Recuerda, salvando las distancias, a ese primer Haneke de El séptimo continente, al menos en la forma de retratar una sociedad que avanza mecanizada y sin rumbo.

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