Mal genio (Le redoutable)

Y la vida va

Podemos investigar la historia completa de una persona y no conocerla nada. Depende de cuánto la hayan conocido sus biógrafos, lo que hayan profundizado en su alma y la capacidad que tengan para transmitir la compleja telaraña de características, sensaciones y decisiones que compone al ser humano. Una película tiene una duración limitada, en concreto Mal genio (título de la versión española que transmite simplicidad y torpeza) dura unos 107 minutos y nos habla del grandísimo director de la nouvelle vague Jean-Luc Godard. Para ello adapta la novela romántica autobiográfica Un an après, en la que Anne Wiazemsky, pareja sentimental del realizador a finales de los 60, nos habla sobre aquella época, aquella relación y aquel Godard.

“Así va la vida a bordo del Redoutable”, repiten en varias ocasiones en la cinta haciendo referencia a un submarino del que se habla en las noticias. París en Mayo del 68 es un auténtico campo de batalla y Godard, que entonces goza del reconocimiento de crítica y público, decide transformarse en un arma de guerra, en un vehículo de cambio radical ideológico que elimine la versión anterior de sí mismo y genere un nuevo cine de guerrilla. Ha conocido a Anne en el rodaje de La Chinoise, se han enamorado y se han casado. Pero el idilio no dura mucho, y ella tendrá que adaptarse a un director en crisis, que reniega a cada segundo del hombre de fama que ella ha conocido y al que realmente desea. Aunque Mal genio es una comedia romántica, con una gran ambientación de la época y un abuso de los aciertos del lenguaje godardiano (que simplemente amenizan la narración), la transformación de Godard deriva hacia un tono dramático final. Sin duda los cambios no son fáciles, pero son la respuesta ante una necesidad interior y una respetable búsqueda del alma humana. El Godard que Michel Hazanavicius nos muestra es un personaje hostil, arisco con sus amigos y sus fans, insoportable, quebradizo y paranoico. Es muy probable que Godard tuviese esas características, que la película usa a su favor como comedia en las partes centrales y las cuales deriva al drama cuando la pareja entra en crisis, pero al tratarse de una figura tan importante y vanguardista de la historia del cine resulta irritante reducir una personalidad tan compleja a las necesidades narrativas de un guion comercial.

La misma ligereza (bien avenida por los mecanismos de la comedia) se transmite en el uso del lenguaje. Hazanavicius enciende la túrmix del descubrimiento en el que montaje de escenas con celuloide en negativo, una estructura en capítulos, superposiciones o ausencias de la música, personajes hablando intermitentemente a cámara, uso del color pop (en la línea de las películas previas al grupo Dziga-Vertov), intertítulos y otros hallazgos de Godard tienen cabida, como decíamos, sin justificación aparente. “Y así va la vida a bordo del Redoutable”. Aunque hay otra frase que Jean-Luc (un estupendo y sonriente Louis Garrel) pronuncia en la película y que es necesario contraponer a la mundanidad de la primera: “La revolución es permanente”. Esta frase refleja la personalidad del director que conocemos, un Godard en continua reinvención, que abandona sistemáticamente la comodidad de sus hallazgos para buscar nuevos lenguajes. Uno de los creadores más generosos del cine, siempre en crisis constante, pero en crisis positiva. No sé cuán feliz o triste es Jean-Luc en realidad, no sé si es mejor acercase a su figura mediante la comedia o el drama. Mal genio funciona como comedia romántica ligera, recrea con éxito el París del momento y hace que vivamos dentro de una comedia de Godard de la época. Pero ofrece un retrato sesgado e inconcluso de un gigante.

Yo sufrí un ataque de alegría al saber de la existencia de un biopic sobre Godard, sí; mis párpados latían como dos corazones hemisféricos que se encuentran y se separan en un coito de maravillas por descubrir, sí; pero mis expectativas (¡ay, mis expectativas!) siguen en la sala de espera. Debe ser de una inusitada empatía conocer bien a alguien. Más aún asomarse al abismo su alma. Y más aún tratándose de un personaje tan complejo como Jean-Luc. Quizás necesitamos siete u ocho películas más —à la Histoire(s) du cinéma— para completar la imagen de un creador tan multifacético. O quizás, algún día, alguien filme un biopic definitivo sobre él. ¿Por qué no? Yo lo espero, sí. Godard por Godard.

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