Madre!

Aronofsky también sabe crear mitos (y destruir metáforas)

Todo el mundo sabe que cuando algo levanta pasiones encontradas, y más en el mundo en el que hoy vivimos, ese elemento es digno de consideración, de atención y, por qué no (aunque a veces sea complicado), de comprensión por parte de quien lo observa y pretende entenderlo. Cuando una obra sorprende, asusta y casi increpa a quien se detiene a observarla siempre corre el riesgo de ser rechazada por su público, como también de pasar rápidamente a la posteridad sin merecerlo en absoluto y convertirse, con el paso del tiempo, en algo carente de interés cuya impresión irá diluyéndose gradualmente.

Madre! no se escapa a una afirmación tan actual, y menos cuando su mensaje pretende golpear al espectador desde el primer minuto, preparándole para una reacción inmediata que se prolongará en el tiempo: las incómodas ganas de seguir viendo una película que no deja apartar la vista de lo que transmite a cada instante. Aronofsky cuenta, a través de las excelentes interpretaciones de un tormentoso Javier Bardem y una doliente Jennifer Lawrence, la historia de un afamado escritor en busca de materializar su última obra y su amante esposa, relegada al cuidado del hogar y a soportar el peso del día a día, lidiando con la constante falta de atención de su marido y las visitas repentinas de dos extraños (Ed Harris y una nada sorprendente Michelle Pfeiffer, que destaca en el plano secundario) que darán pie a una fisura insalvable en la cual se refugiará el director para lanzar su propio mensaje, lleno de crítica religiosa, social y natural que puede llegar a superar en ocasiones al espectador, especialmente en su tramo final.

Como ya hizo en Cisne negro, Darren Aronofsky vuelve a traer una historia cargada de fría tensión con destellos pasionales, que pretende transmitir una metáfora acerca de la evolución del ser humano y las consecuencias dañinas para su creadora natural, la madre tierra, colocada frente a frente con el creador. Comenzando por presentar la no tan idílica relación entre escritor y esposa, la película avanza en su recorrido circular llenándose de momentos de puro thriller en que la cámara juega con la tensión del espectador, a la espera de un giro repentino que no llega, y que siempre acaba centrándose en la figura de Jennifer Lawrence y su simbiosis con el hogar, en clara analogía con la idea de la tierra como el verdadero lugar al que pertenece el ser humano, y que irá debilitándose a medida que ocurren los hechos. Con la aparición de Harris (un médico que busca al escritor para conocerle antes de morir) y Pfeiffer (su fría e intrigante esposa) entre otros muchos, Madre! representa la decadencia del ser humano desde su origen hasta el día de hoy, avanzando por los sucesos e intrigas de esta pareja y su familia, que causan la quiebra del hogar en la primera parte del filme. Sin embargo, con la llegada del embarazo de Verónica (J. Lawrence) la película se carga de calma, gracias a que el escritor finaliza su obra, antes del caos desatado en el tercer acto, que comienza con la llegada de los seguidores del poeta y la invasión de su hogar, con todo tipo de reyertas, conflictos, ataques y representaciones de grupos religiosos que divinizan al poeta encarnado por Bardem causando multitud de daños y destrozos en el hogar y dejando a su paso pilas de cadáveres amontonados por todas partes. Un caos que pretende mostrar la cúspide de ese mensaje decadente que Aronofsky quiere transmitir, pero al que sin embargo le cuesta encajar en la estructura del filme al no encontrar una verdadera conexión con el segundo acto, ni siquiera en la línea irreal en que Madre! parece moverse y encontrarse cómoda, recuperando el sentido únicamente cuando vuelve al ritmo de calma tensa que predominó en gran parte de la película para cerrar una historia que se encuentra de nuevo con su comienzo, en una supuesta repetición eterna.

En definitiva, al igual que esta crítica, Madre! es un filme caótico al que el realismo no acompaña en ningún momento y que, perturbando al espectador a medida que avanza, pretende transmitir un mensaje acerca del sufrimiento y el sacrificio no recompensado de una madre por defender lo que considera su hogar, con el creador y “sus” seres humanos como causantes de todo ese sufrimiento, y con un final desaprovechado que rompe con una dinámica que se acercaba al terror psicológico interrumpida por una aceleración incomprensible de la historia que deja al espectador con la misma pregunta que en su primera escena: ¿qué es lo que acabo de ver?

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