Logan

El crepúsculo del héroe

Wolverine (o Lobezno, como se le ha conocido siempre en España) nació siendo un personaje secundario. De hecho, su primera aparición fue como rival de poca relevancia en un episodio cualquiera de El increíble Hulk. No tardó en ser adscrito a las páginas de X-Men y a partir de ahí su ascenso fue imparable. Al principio no era más que el típico tipo duro y de pocas palabras que debe formar parte de cualquier equipo de superhéroes que se precie, pero pronto empezó a intuirse que el personaje contaba con un pasado interesante. Fue a principios de los ochenta, con la miniserie que le dedicaron Chris Claremont y Frank Miller (y que yo leí fascinado en su primera edición española) cuando Lobezno explotó. El tipo era un asesino despiadado, un animal con el cuerpo de un hombre, pero también alguien que luchaba por ser cada día un poco más humano y, sobre todo, alguien capaz de amar. Como todos los personajes que se hacen inmensamente populares, Lobezno sufrió a partir de aquel momento una sobreexplotación, alternando etapas francamente interesantes con otras absolutamente irrelevantes.

En 2009 el exitoso guionista de cómics Mark Millar publicó una historia que interesó casi de inmediato a los fans. Alejada de la continuidad habitual del personaje, El viejo Logan es una historia situada en un futuro alternativo en el que los X-Men y el resto de superhéroes han sido exterminados por ataque conjunto ejecutado por un gran número de villanos. Logan vive oculto con su familia, decidido a no sacar más las garras por nadie, aunque las circunstancias se conjuran para que tenga que vivir una última aventura… La historia que cuenta Millar es tremendamente divertida y hace pasar un buen rato, pero tampoco se trata, como se ha dicho, de uno de los puntos de inflexión del personaje. A pesar de todo, tan popular es El viejo Logan entre los aficionados que ha servido de reclamo para la nueva película de James Mangold, por mucho que ambas historias difieran demasiado como para decir que la película está basada en el cómic.

El punto de partida de Logan también es un futuro alternativo en el que los X-Men han desaparecido en el llamado “incidente de Westchester”, en el que un anciano profesor Xavier, incapaz de controlar sus poderes debido a su estado de demencia senil, exterminó a la mayor parte de sus alumnos. Xavier, uno de los personajes fundamentales de la película, aparece como un hombre devorado por la culpa, que alterna estados de lucidez con otros en los que parece no vivir en la realidad. Logan vive oculto con él y con el mutante Caliban, que desempeñará un importante papel en la trama. Lo particular de la situación íntima de Lobezno es que el adamantium que se insertó en su cuerpo ha ido haciéndole mella en los años precedentes y su factor curativo ya no es lo que era: por primera vez en su existencia, el mutante se sabe mortal.

Con esta premisa, Mangold nos brinda la mejor entrega hasta ahora del universo mutante de Marvel, sobre todo porque en esta ocasión se ha realizado una película de carácter mucho más adulto de lo que nos tienen acostumbrados. Por fin podemos ver a un Logan absolutamente desatado, destripando cuerpos y haciendo el salvaje en la pantalla. Aunque los años parecen haberle vuelto un poco más juicioso y prudente, a la hora de la verdad, cuando hay que afrontar las batallas, el mutante sigue siendo el mismo. Pero la mayor sorpresa de la película es su “hija”, una apenas adolescente con sus mismos poderes y poseedora del vigor y el escaso juicio de la juventud. La actriz Dafne Keen ofrece una actuación sobria, dando vida a un personaje con multitud de matices.

Otro de los puntos fuertes de Logan es su ambientación en un futuro no muy lejano. La América fronteriza que describe Mangold se parece mucho a la que podría ser real dentro de algunos años, cuando Donald Trump deje el poder: un país deshumanizado, con unas fronteras blindadas y con tendencia a resolver los problemas por las bravas. Este escenario sirve para que la historia tome por momentos los atributos de un western crepuscular en el que un personaje cansado, que ha sobrevivido a toda clase de situaciones adversas, se enfrenta a su último reto cuando sus mejores años han quedado atrás.

La vocación de realismo —dentro de la lógica del universo mutante— llega a tal punto que la gente conoce a los X-Men no solo como personajes reales, sino también como personajes de cómic, que viven unas aventuras tan fantásticas en viñetas que el mismo Logan, observándolas, las califica de francamente exageradas. La realidad y la ficción chocan dentro de la ficción que estamos contemplando en la pantalla, un ejercicio de autohomenaje por parte de Marvel (y que además consigue separar de manera tajante su universo cinematográfico del de los cómics), muy interesante. La película del director de Cop Land, sin ser perfecta, está destinada a convertirse en un pequeño clásico de culto, puesto que recoge en todo su jugo la esencia de un personaje cuya popularidad se va acercando cada vez más a la de los canónicos Batman, Superman o Spiderman.

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