Kubo y las dos cuerdas mágicas

Orientalismo stop motion

kubo_poster_knightLa nueva película de Laika Animation (Los mundos de Coraline, El alucinante mundo de Norman) nos sitúa esta vez en el Japón medieval, manteniendo su premisa de fantasía familiar, pero con una historia imaginativa y original, algo de agradecer cuando estudios más pudientes parecen relajarse.

La cinta cuenta la historia de Kubo, un muchacho tuerto que huye de su propia familia porque su abuelo quiere arrebatarle el ojo que le queda. Para salvarse deberá emprender un viaje en busca de las piezas de la armadura de su padre, un legendario samurái que perdió la vida salvándole. Estamos ante un niño forzado a ser mayor, que cuida de su atormentada madre y al que su situación no le permite vivir una infancia normal. Esta es una historia sobre el viaje hacia la madurez.

Kubo y las dos cuerdas mágicas resulta tan increíble en el aspecto técnico como todos los filmes de Laika hasta ahora, con una animación stop motion sorprendentemente fluida. No obstante, esta vez se ha logrado ir un paso más allá, haciendo volar por la pantalla cientos de diminutas figuras de origami o dando vida a un gigantesco títere de esqueleto. Frank Passingham, veterano director de fotografía, consigue que la película transmita una sensación de exótica belleza que no es muy frecuente en el cine animado desde títulos como Mulán.

kubo_kubo_monoNos encontramos ante un mundo que responde más al imaginario occidental sobre el país nipón que a una realidad, del mismo modo que Raoul Walsh describía Oriente Medio en El ladrón de Bagdad. Si seguimos el viaje de Kubo encontraremos grandes olas de Kanagawa, referencias a las historias niponas de samuráis ciegos como la de Tarantino en Kill Bill u homenajes al propio cine japonés más conocido por el gran público, como el de Kurosawa o Kobayashi.

Con solamente cuatro largometrajes, Laika ha irrumpido en el escenario del cine animado con propuestas sólidas, y ha demostrado que puede estar a la altura de los estudios más grandes. No obstante, realizar un último acto que mantenga la fuerza narrativa inicial parece ser todavía una asignatura pendiente para el estudio, cuyos desenlaces podrían llegar a ser memorables con algo más de creatividad. Pese a ello, Kubo y las dos cuerdas mágicas resulta completamente recomendable para aquellos que amamos la animación o simplemente queremos disfrutar de una bella historia de samuráis y origami.

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