Hotel Europa

Muerte en Sarajevo

Los Chetniks fueron una milicia nacionalista serbia que tuvo un papel destacado en los Balcanes durante la Segunda Guerra Mundial, aunque su filiación respecto a los dos bandos en contienda no resulte del todo pacífica, puesto que su objetivo principal era reinstaurar el Gran Reino de Serbia, que incluía áreas de Croacia, Bosnia, Montenegro y Macedonia, y para tal fin no repararon en masacres y limpiezas étnicas, según dicen, en represalia por las matanzas que sufría la población serbia residente en dichas regiones. Esta es una de las referencias que el espectador de Hotel Europa que no esté mínimamente familiarizado con la historia de lo que fue Yugoslavia puede pasar por alto, al igual que ocurre con muchos otros eventos y personalidades (políticos, militares, supuestos héroes y presuntos terroristas) que se mencionan durante la película, lo cual no impide en absoluto el disfrute de esta obra de casi perfecto engranaje cinematográfico.

Hotel Europa ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín de 2016, y está dirigida por Danis Tanović, receptor habitual de galardones prestigiosos desde que su En tierra de nadie mereciera el Óscar a la mejor película extranjera en 2001. El largometraje, adaptación libre de la obra de teatro del escritor francés Bernard-Henri Lévy, tiene hechuras vagamente documentales (que, en ocasiones, resultan algo mareantes), pero siempre al servicio de una historia coral que, a medida que avanza el film y las distintas líneas argumentales comienzan a confluir, bien podría calificarse de thriller, puesto que la tensión y la inminencia de la desgracia se mascan desde el primer momento.

Coincidiendo con centenario del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria (Franz Ferdinand) en Sarajevo a manos de Gavrilo Princip, joven adscrito a la causa nacionalista serbia, convergen en un lujoso hotel de la capital bosnia los participantes en el rodaje de un programa de televisión sobre dicho suceso y sus consecuencias; un huésped famoso que se encierra en su habitación, protegida por policías de paisano, para ensayar un discurso también relacionado con el asesinato y las guerras posteriores; la plantilla al borde de la huelga porque lleva dos meses sin cobrar; la preparación de una cena para personalidades de Naciones Unidas; un director de hotel superado por las circunstancias; un mafioso de salón; y una recepcionista impelida a intentar poner cordura en un hotel que es un avispero o una olla a presión a punto de saltar por los aires (con lo que se pretende subrayar el paralelismo que se establece en el film entre el microcosmos del hotel y la cuestión balcánica).

Tanović reincide en un cine que construye metáforas para explicar la realidad, y en esta ocasión nos muestra dos niveles perfectamente diferenciados: por un lado, en el plano superior, en la habitación del famoso y en la azotea, encontramos discursos que se apoyan en la historia y la ideología, en los que se habla de la Segunda Guerra Mundial y de la guerra de los Balcanes, del pasado; en las plantas inferiores del hotel, sin embargo, está el presente, en el que un conflicto social (absolutamente ajeno a motivaciones históricas o ideológicas) condiciona la actuación de los personajes. Cuando estos dos mundos se encuentran, se produce la tragedia.

Podría pensarse que la preponderancia del mensaje termina lastrando la película, que por momentos peca de inconexa al saltar de una línea argumental a otra, pero el resultado final es impecable en el sentido de que el film sirve perfectamente a su propósito de presentarnos la realidad actual de los Balcanes y apuntar algunos de los sucesos que han generado esa situación, al tiempo que se nos introduce en una cadena de acontecimientos desafortunados con los que se ilustra el hecho de que la violencia, sea cual sea su causa, es siempre absurda e injustificable.

Compagino el ejercicio de la abogacía bajo pseudónimo con la lectura incansable de cuantas novelas caen en mis manos, soy ilustrador autodidacta diletante y me gusta el cine como a cualquier hijo de vecino (al que le guste el cine, claro está), decantándome por los extremos: del profundo calado filosófico o moral y el formalismo estético salto directamente a la caspa y la sangre de pega a borbotones, porque la virtud podrá estar en el término medio, pero el radicalismo es siempre más interesante.

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