Gorrión rojo

Espía como puedas

Gorrión rojo, cartel de la película

Existen infinidad de opciones a la hora de clasificar una película: por sus intenciones y carácter resolutivo, por su contexto histórico, por su visión singular de un extracto social o incluso por su narrativa. En el caso concreto de Red Sparrow estamos ante un film difícil de clasificar, ya que su principal baza radica en la osadía de la actuación de su protagonista (véase la parte del entrenamiento en Sparrow School) y cabeza del proyecto Jennifer Lawrence, y además la obra desprende un intenso tufo a saga, como ya ocurrió con Los juegos del hambre y su excelente maniobra comercial.

Desde James Bond hasta Mata Hari, pasando por Nikita o la última violenta incursión femenina en el mundo de los espías, Atómica, sin olvidar a la excelente The Americans, el cine de espías o espionaje (El topo; hay que saber diferenciar) siempre ha estado presente. Después del eterno coqueteo del presidente Trump con Putin, cuyos logros y modus operandi alabó, el cine como representación de la realidad y el contexto social no ha tardado en plasmar una visión sobre un presente cada vez más distópico. En esta ocasión se trata de una alucinación afectiva y cordial con el amigo americano por parte de los rusos, porque en Red Sparrow los soviéticos hablan un inglés perfecto.

Gorrión Rojo, película de Francis LawrenceRed Sparrow se posiciona en contra de las expectativas del espectador desde su comienzo. No estamos ante una obra repleta de acción o suspense, ni siquiera ante excelentes secuencias de peleas coreografiadas como nunca se ha visto antes. Todo es más sencillo. El drama de una joven bailarina rusa que acaba convirtiéndose en el juguete de la eterna madre Rusia; nada que no conozcamos, cala en el espectador desde el primer minuto. Pero todo cambia cuando la trama se moderniza con la presentación de la protagonista como sobrina de un alto cargo del gobierno, para huir así del típico cliché de niña pobre convertida en espía. Además, si incluimos a Jeremy Irons y Charlotte Rampling con su presencia llena de veracidad gracias a su legado cinematográfico, podemos llegar a la conclusión de que lo mejor de Red Sparrow es su reparto. Pero esto es solo el envoltorio que oculta el verdadero propósito de su director. Francis Lawrence filma una película llena de momentos difíciles de digerir e incluso rozando la vergüenza ajena existentes solo para el lucimiento de su protagonista. Con esta historia el director de la saga de Los juegos del hambre busca un público más adulto, pero sin dejar de lado al ya ganado gracias a ella.

La última película del tándem Lawrence es difícil de encajar en el género de espías, ni en el puro thriller, ni siquiera en el cine de acción. Pero es ahí, en la imposibilidad de clasificar Red Sparrow en un género, donde radican a la vez su debilidad y su originalidad; quizás este último sea el único motivo, junto a la actuación de Jennifer Lawrence, por el que merezca la pena revisionarla.

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