Fences

El egoísmo de un sueño roto

Fences (“vallas” en español) es la tercera incursión de Denzel Washington en la dirección, tras The great debaters y Antwone Fisher: el triunfo del espíritu, aunque también tuvo sus escarceos en el mundo televisivo, ya que dirigió un capítulo de Anatomía de Grey.

Pues bien, siendo esta su película más celebrada, con sus cuatro nominaciones a los Óscar, incluidas mejor película, actor y actriz de reparto, y con una historia basada en la obra de August Wilson (ganadora del premio Pulitzer), podemos decir que el intérprete afroamericano se ha limitado a grabar una obra de teatro con genial historia y personajes, y no hace nada por ocultar esos orígenes, con planos muy largos y generales y sin aportar un nuevo sentido ni sentimiento a lo que se cuenta. Los escenarios de la película se podrían enumerar con los dedos de una mano, cosa lógica, porque se narra una historia más o menos rutinaria, del día a día y realista; los protagonistas son Troy, un hombre afroamericano de Pittsburg, Pensilvania, y su familia, en pleno proceso de consecución de los derechos civiles de los negros, aunque ellos convivan en una realidad aparte dentro de los límites marcados por esas vallas que el personaje de Viola Davis tanto anhela para su morada.

En esa realidad es donde Washington crea un personaje que se siente frustrado y agobiado por los sueños que no fue capaz de conseguir, que arrasa con todo lo que tiene alrededor, indiferente e impasible ante las ilusiones de su esposa e hijos, quizás por egoísmo o por malas experiencias en la vida, pero esto le lleva a comportarse a ratos de manera despreciable, y otros de manera realista y conservadora.

Fences es una película de actores, de diálogos y reflexiones y, como no podía ser menos, de sentimientos. Y ahí los actores están a la altura. Sin duda alguna la mejor de la película es Viola Davis, que resulta desgarradora, entrañable, sufridora y creíble como la amante y esposa que lo único que quiere es tener una familia normal para la época. Denzel Washington está correcto en su papel, y a pesar de la verosimilitud que desprende, a veces roza la sobreactuación, sobre todo en los monólogos que tanto repite al principio de la película y que llegan a hacerse muy largos.

Por lo demás, la química entre los protagonistas es palpable, son conocedores de sus personajes (tanto Washington como Davis representaron sus respectivos papeles en Broadway) y les dan el tono y la evolución perfecta y debida durante el metraje, gracias a los giros tan inesperados del libreto. Además, el film hace un uso casi nulo de la música y la banda sonora, que sale a la luz en contadas ocasiones, solamente cuando hay elipsis temporales en la historia.

En definitiva, Fences es una visión de la vida en familia, de miedos, anhelos y metas sin conseguir. Quizás no sea una película de Óscar, y quizás haya sido una de las principales beneficiadas de la campaña #Oscarssowhite del año pasado, pero lo innegable es el reconocimiento a la labor de los actores y el libreto de August Wilson.

Sin duda, para ver en familia y luego analizarla en conjunto: ahí será donde más conclusiones e interpretaciones se podrán obtener de ella.

Crítica realizada por

Estado en reparación por falta de imaginación… ¡Qué atrevida es la ignorancia!

 

¿Te ha gustado? ¡Comparte!
Share on FacebookTweet about this on Twitter