Dude

¿Dónde han quedado aquellas pijas locas?

Dude es una película de Netflix atractivamente antipática sobre un grupo de jovencitas pijas en el umbral de sus frustraciones como preadultas en su último año de instituto. En su debut en la dirección, y a la espera del estreno de su trabajo como guionista en la nueva versión femenina de Ocean’s Eleven, Olivia Milch narra en su largometraje este tour de force que supone para las protagonistas adquirir el hábito de la responsabilidad de sus propios actos antes de entrar en un mundo desconocido y lleno de miedos.

Visionando el metraje de Dude no podemos dejar de pensar en sus referentes antepasados como Sensación de vivir o Clueless (Fuera de onda), todas obras con el objetivo de retratar a una juventud americana muy alejada de la actual Lady Bird, y pertenecientes a una clase social aislada de los demás por, entre otras cosas, su falta de preocupación por las necesidades básicas del ser humano. Así, se expone la vida de un puñado de jóvenes abiertos a todo tipo de experiencias y pequeñas vicisitudes en sus castillos de cristal, pagados a golpe de talonario de papi o mami, a los que en el mejor de los casos no entienden o en el peor llevan años sin ver.

Pero la obra de la debutante Olivia Milch es diferente a todas sus predecesoras en varias decisiones a la hora de retratar la vida de estas chicas. Aquí se desglosan:

La declaración firme y sincera de sus protagonistas, piezas fundamentales en el sistema capitalista, moviéndose a sus anchas en su mundo, conscientes de que son diferentes al resto de los demás y de que esto nunca cambiará.

El orgullo y la inocencia (cuando a ellas les conviene) como punto de vista en su representación de la realidad desde un lugar elevado, lo que hace que este cuarteto de chicas sea en ocasiones asquerosamente simpático para el espectador.

La nostalgia solapada a la que somos invitados, testigos del cambio de período transcendental de las protagonistas en su último año antes de pasar a ser forasteras en terreno hostil, faltas de cariño y apoyo, y por ello capaces de producir lástima y emoción en el espectador.

Y por último hay que destacar el mayor logro de la cinta, el de pasar de puntillas por situaciones y problemas que podrían haber llevado la trama a descarríos más trascendentales y modificado la verdadera naturaleza de la película, salvados por la maestría de su directora y su trabajo con los actores.

Con todo esto, Olivia Milch hace de Dude una obra atípica dentro del cine juvenil, al contarnos de una manera arriesgada en su fondo y llena de valor en sus formas la historia de un grupo de jóvenes tan alejados del espectador en sus problemas y deseos que inexplicablemente acaban resultando simpáticos. Todo gracias a la escueta profundidad de su discurso final, cargado de compasión y un asqueroso futuro prometedor. A diferencia de esos pijos y pijas locas de los ochenta sin…

No, espera…, es lo mismo, pero Dude tiene más desparpajo y menos prejuicios. Ya está.