El día de la novia

¡DALE, CACAYETI!

A veces los universos más íntimos tienen la capacidad de condensarse en pequeños detalles, desde una simple estrofa hasta la más mínima peculiaridad escondida en una imagen. Este es el caso de las tarjetas de felicitación, el asunto del que trata El día de la novia: el acercamiento sin tapujos, en ocasiones rozando el ridículo, a eruditos artesanos de los callejones siniestros del arte de la escritura, falsos mesías de todo aquello que es capaz de alimentar nuestra alma y encender el motor de nuestro corazón. Así, sin más, con una simple frase.

Michael Paul Stephenson, un desconocido director con numerosas obras de gusto y género inclasificable tales como Best Worst Movie (documental, 2009) o The American Scream (documental, 2012), nos relata con esta obra escrita por Philip Zlotorynski, Eric Hoffman y su inseparable amigo Bob Odenkirk (Breaking Bad, Better Call Saul), protagonista de la cinta, su obsesión por seres perdidos, enfrascados en causas sin interés popular y con vidas aparte de lo cotidiano que, apesadumbrados, solo buscan seguir adelante, aunque sea dentro de la miseria que les rodea.

El día de la novia sobrevive gracias a un guion que funciona como un reloj suizo. Con una duración de 70 minutos no se puede decir más ni mejor de este grupo de personajes sin apegos ni vergüenza por la forma en la que toman las riendas de su vida. Cómica, inclasificable, ligera, con un casting más que acertado, Michael Paul Stephenson consigue meternos en la mente de este tipo, Ray Wentworth (Bob Odenkirk), que no sabe discernir entre la vida y el éxito. Un pensamiento ruin y muy extendido en nuestra sociedad actual.

Netflix acierta de nuevo al hacernos llegar pequeñas obras como El día de la novia, y se convierte poco a poco en una plataforma capaz de dar cobijo a futuros cineastas que muy pronto deslumbrarán con luz propia. ¡DALE, CACAYETI!

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