Campeones

La disciplina de lo emotivamente correcto

Cartel para la película CampeonesParece que el número 8 trae buena suerte a Javier Fesser: en 1998 se estrenó El milagro de P. Tinto, película representativa de un estilo visual propio e imaginativo; en 2008 asaltó los Goya con Camino, una obra desvinculada de esa singular mirada que daba paso a un acercamiento más adulto y emocional y revelaba ciertas inquietudes, en cierto modo siempre representadas en su obra; y ahora en 2018 estrena Campeones, la película que ha derrotado a Spielberg con su Ready Player One y que termina consagrando a Fesser como uno de los directores más carismáticos y perspicaces de este momento.

Marcos (Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo de baloncesto profesional que no pasa su mejor momento personal. La presión y la incapacidad para afrontar sus problemas hacen que cometa una infracción tan grave que le despiden y acaba entrenando a un equipo del barrio de Vallecas de Madrid, compuesto por discapacitados intelectuales. Este puede parecer el típico argumento manido de película deportiva trascendente e historia de superación con lección moral incluida. Nada de eso le interesa a su director ni a la historia, y ahí radica el éxito del último trabajo de Javier Fesser.

Javier Gutiérrez en el film CampeonesCampeones es un trabajo humano y espontáneo, por parte un grupo de actores discapacitados no profesionales, capaces de ofrecernos una visión clarificadora y acertada sobre este colectivo y su lugar en la sociedad. Fesser sigue con esa forma de filmar afincada en la disciplina de lo emotivamente correcto, lugar que alberga los verdaderos aciertos del director: una visión reivindicativa y positiva de los problemas que le interesan junto con una crítica social precisa y bien filmada sobre un extendido analfabetismo emocional que subsiste en estos momentos respecto a los temas expuestos en la película.

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