Amar

Aquel era yo

Ocho cortometrajes y una nominación al Óscar ha necesitado Esteban Crespo para rodar su primer largometraje, Amar. Un travelling nos acerca a dos personajes que se respiran, inhalan y exhalan un mismo aliento, el motor de una vida invade la otra, así, mutuamente, a golpe de pulmón.

Puede parecer una imagen idílica, aunque llena de otredad y alteridad por ambas partes. Este intenso gesto esconde todo lo que la adolescencia puede guardar en ese cajón oscuro lleno de nosotros mismos que solo nos atreveremos a abrir cuando la experiencia nos sea útil.

De forma periódica el cine español se encarga de mostrarnos, siempre a modo de autor, diferentes resultados de una visión generalista de la juventud de nuestro país. Desde Historias del Kronen, pasando por Mensaka, Mentiras y gordas, Los héroes del mal, Hermosa juventud y ahora Amar, un buen puñado de obras que obedecen a un criterio establecido —mostrar a la sociedad el comportamiento de los que nos rodean en un contexto histórico distinto— han cobrado un éxito notable en la cartelera.

La sociedad española ha cambiado y la cinta de Esteban Crespo es muestra de ello. Amar es un film sobre el amor en la juventud desde un prisma mucho más maduro, con paciencia y momentos incómodos. La historia de un periodo generacional sin miedo a la vida, atraído por todo lo que la puede hacer crecer. A pesar de todo esto, Amar ofrece un resultado sorprendente, es una clara obra de autor envuelta en cine comercial, bien confeccionada, sin pretensiones ni mensajes ocultos.

El primer amor es tan subjetivo como original y el director ha conseguido un filtro universal lleno de buen gusto por el que cualquier espectador puede disfrutar de esta película sin sentirse ajeno a lo que ve.

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