A war

La consecuencia

Desde Dinamarca llega a los cines de nuestro país A war, de Tobias Lindholm, una personal deconstrucción sobre el regreso de un soldado de la guerra de Afganistán.

La película, no obstante, no debería encasillarse erróneamente en el género bélico, pues la guerra solo sirve como telón de fondo para que el espectador conozca a los personajes y las circunstancias que provocan el dilema moral al que se enfrentarán. Porque ¿y si la primera mitad de Taxi Driver nos contase cómo fue la vida de Travis Bickle en Vietnam? ¿Podría considerarse que Scorsese realizó entonces cine bélico? A war es, pese a lo que pueda parecer a priori, un drama moral.

Escribo todo esto porque la película tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera mitad, los militares llevan a cabo sus operaciones en Afganistán. Intentan proteger a la población, eliminan a algunos talibanes y se lamentan por la pérdida de los suyos. Durante las secuencias de batalla la dirección y el montaje no son siempre de lo más acertados, pero esto se suple en el ecuador de la película, a partir del cual se produce la forzosa vuelta a casa del protagonista, el comandante Pedersen. El militar es llamado a juicio al ser señalado como el responsable de un ataque contra un campamento de civiles en el que murieron varias personas, efectuado in extremis para poder evacuar a sus hombres.

A partir de aquí es cuando empiezan a moverse los engranajes del film. A war no pretende ahondar en la guerra del mismo modo en el que lo han hecho ya muchas películas. En esta ocasión se trata de lo elástica que se vuelve la justicia cuando un país interviene militarmente en otro. ¿De veras es tan relevante la sentencia de un juez en comparación con las secuelas reales de un conflicto armado?

Pero volvamos a la historia. El comandante Pedersen no es un hombre de guerra. Es un padre y un marido que añora a su familia y que únicamente trata de conseguir lo mejor para ella y para los hombres bajo su mando, a los que tras varios meses de convivencia ya considera sus amigos. Pedersen, atormentado una vez vuelve a casa, sabe desde mucho antes de la resolución del juicio que pase lo que pase él ya ha perdido. Él sabe que es responsable de lo que ocurrió en Afganistán, que varios inocentes han muerto por su culpa, a pesar de que solamente tratase de hacer lo correcto en todo momento.

La película de Lindholm resulta eficaz como ejercicio de introspección sobre la responsabilidad y la culpa, desde una media distancia en la que en ocasiones se deja hablar a los pequeños detalles, rodada en ese estilo sosegado que solemos relacionar con el cine de los países escandinavos. Pese a ciertos desajustes de dirección y montaje, es una buena obra que invita a la reflexión y sabe contagiar pesadumbre al espectador.

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