En Astoria 21 estamos de aniversario

El 18 de noviembre cumplimos un año y, como parte de nuestra celebración, queremos hacer honor al cine Astoria, en el que nos inspiramos para dar nombre a nuestro magazine. Quizá alguna vez os habéis preguntado por qué Astoria 21 y no cualquier otro nombre… Desde el principio quisimos traer al siglo XXI, a la actualidad, el recuerdo de un cine emblemático como el Astoria, que dominó la cartelera de Málaga durante los años 70 y 80 y que, sin duda, aún permanece en la memoria de muchos malagueños que en su sala han disfrutado de películas como My fair Lady, El violinista en el tejado, Jesucristo Superstar, Superman o Instinto básico, entre muchas otras.

Para rendir este homenaje al cine Astoria, tenemos la suerte de contar con las declaraciones de Matilde Moreno, hija de Enrique Moreno, uno de los hermanos propietarios del circuito Astoria, y con la inolvidable Loli López, conocida popularmente como “la rubia del Astoria”, taquillera del cine desde los catorce años hasta que echó el cierre. Expresamos nuestro agradecimiento especial al grupo de Facebook Solo Fotos Antiguas de Málaga, que nos ha cedido imágenes y anécdotas.

Los inicios del cine Astoria

“La tradición la empezó mi abuelo, Luis Moreno —nos cuenta Matilde—. Era inspector de Hacienda y tenía un pequeño cine con tablones de madera porque no había ni para tapizar. El cine, antes de la guerra civil, se llamaba Victoria Eugenia. Después se tuvo que llamar solo Victoria”.

Un día, los hermanos Enrique (padre de Matilde) y José Luis volvieron del colegio de los Maristas con malas notas. Entonces preguntaron a su padre si podían trabajar en el cine. Él puso la condición de que tenían que demostrar que eran buenos operadores proyectando películas por los pueblos de Málaga. Y así fue como les dio el visto bueno.

El primer cine que construyeron los hermanos Moreno fue el Andalucía (1957), del que solo queda un solar que se prepara para ser un hotel de cuatro estrellas. Luego vinieron el Astoria, el Coliseum, el Echegaray y el Atlántida. El Málaga Cinema lo regentaron por un tiempo limitado.

Unos decoradores catalanes se encargaron de engalanar la sala del Astoria y eligieron el color morado para los asientos y las cortinas. El aforo llegaba a las mil butacas de patio y más de doscientas en el anfiteatro. La familia vivía arriba, en el edificio del cine, y Enrique Moreno tuvo la genialidad de hacer un agujero en la pared de su habitación. Desde esa ventana de corcho veía en su cama la pantalla del cine.

Los técnicos de la Warner vinieron a montar el sonido, pero tardaron meses y meses, ya que Enrique Moreno era un perfeccionista del sonido. Todo tenía que sonar al volumen perfecto.

El cine Astoria se inauguró el 20 de enero de 1966. La película elegida fue My fair lady, un clásico que puso el listón alto a lo que estaba por venir. El film de Audrey Hepburn tuvo tanto tirón que Mari Carmen Muñoz, del grupo de Facebook Solo Fotos Antiguas de Málaga, nos cuenta que se casó el 21 de agosto y al día siguiente fue al Astoria a ver esta película, que le sorprendió al encontrarse con un musical basado en tan bella historia.

La gran familia del Astoria

A la familia Moreno, que cuidaba el funcionamiento del cine, se le unió la gran familia que formaron los compañeros del Astoria. “Éramos una piña”, recuerda Loli López con una sonrisa. La taquillera del Astoria confiesa que le gustaba tanto el cine que en los días que descansaba se iba a echar un rato de trabajo: “Estar de cara al público allí ha sido mi vida”.

A Loli le salieron no pocos pretendientes y ofertas de trabajo, pero ella no cambiaba su puesto por nada: “He estado de taquillera en la mayoría de los cines del circuito. Pero el mejor fue el Astoria. De los lotes de películas que nos llegaban, siempre se elegían las mejores. Había personas que no sabían ni qué película iban a ver, pero les daba igual, porque sabían que allí estaban los mejores estrenos”.

“Estábamos dos taquilleras y no nos daba tiempo ni a doblar los billetes. Entraban unas cuatro mil personas al día”. En el equipo del cine Astoria trabajaban el portero, dos acomodadores para las butacas de patio y uno en el anfiteatro, una empleada en el bar y las dos taquilleras, además de dos limpiadoras por cada cine, más el jefe de cabina y dos operadores que proyectaban las películas. También había una señora encargada de limpiar el cuarto de baño y que se quejaba si no le daban propinas.

Los acomodadores, en cambio, conseguían a veces tantas propinas que superaban su sueldo. Nos cuenta Loli que “en el bar no se dejaban propinas, pero en la taquilla sí. Sobre todo en la época de las numeradas. En Superman 2 llegamos a coger trescientas pesetas de un hombre que vino desde Marbella con su hijo a ver la película”, mientras que su compañera se compró un reloj con las propinas de Tora! Tora! Tora!

“¿Es un pájaro?, ¿es un avión?… ¡No, es Superman!”. Si por algo se recuerda a este cine, además de por su inmejorable ubicación, es por sus promociones espectaculares. Sus enormes carteles publicitarios provocaban largas colas y la fascinación por ver los últimos estrenos en su sala.

Con la llegada de la democracia, se estrenaba El último tango en París en España y, cómo no, en el cine Astoria. Otra de las películas-fenómeno que caldearon la ya madura sala del Astoria fue Instinto básico en el año 1992.

Tras el fallecimiento de Enrique Moreno, la familia vendió en 1984 su circuito de cines a Unión Cine Ciudad, la empresa que también llevaba América Multicines. “Los hermanos Hernández, de Unión Cine Ciudad, no aparecían para nada y se lo dejaron a un par de encargados. Ellos tampoco cuidaron la programación ni el estado o la limpieza de los cines”.

El fenómeno de las multisalas y la dejadez de los nuevos propietarios redujeron su público durante los años 90 y el Astoria aguantó a duras penas hasta su cierre en 2004. Esta mítica sala se despidió un 9 de diciembre, día en que se proyectaban las películas Melinda y Melinda de Woody Allen y Luna de Avellaneda de Juan José Campanella.

Las taquilleras programaban en el ordenador los pases para el día siguiente, y el anterior al cierre no les llegó ninguna nota. “De un día para otro nos dijeron que se cerraban los cines. Yo no he llorado más en mi vida… Aparte de que me quedaba en el paro con cuarenta y siete años, tenía ahí mi vida, entre mis compañeros y mi trabajo —relata Loli emocionada—. Cuando cerraron los cines, me traje una silla del Echegaray de recuerdo y también un talonario de setenta y cinco pesetas. Lo guardo como oro en paño”.

10 CURIOSIDADES DEL CINE ASTORIA

1) Cuenta Matilde Moreno que, para los epígrafes publicitarios, su padre les preguntaba a veces: “A ver, niñas, ¿qué le ponemos a esta película?…”. En una de Cantinflas le respondieron: “Papá, pon que un espectador ha muerto de risa en el patio de butacas”. Al día siguiente salió publicado en el Sol de Málaga y se vendieron tres mil ejemplares. La cola en el cine daba la vuelta al edificio; los espectadores pensaban que se trataba de una anécdota real.

2) Una vez un señor se quedó dormido y cerraron el cine con él dentro. Cuando se despertó, pegaba unos gritos para poder salir…

3) Superman llegó a estar tres meses en cartelera y en cada pase llenaba la sala.

4) Cada 31 de enero, el Día de los Ilusionistas, la familia Moreno invitaba a comer a todo el equipo a Casa Pedro.

5) El personal del cine iba vestido de forma impecable. A los hombres les hacían los trajes en Rojo, famosa sastrería de calle Compañía, mientras que los uniformes de las mujeres, estilo azafata, se compraron en El Corte Inglés cuando estaba recién inaugurado.

6) En cada pase, los gobernadores tenían siempre un par de sillas reservadas y libres de pasar por taquilla.

7) Cuando los hermanos Moreno vendieron el circuito Astoria a Unión Cine Ciudad, la primera cláusula del contrato era que los empleados mantuvieran su puesto de trabajo.

8) En el estreno de Instinto básico se batió un récord en el Ambigú, el bar del cine, con 210.000 pesetas en Coca-Cola y palomitas.

9) En los últimos años del Astoria, la sala se alquilaba para proyectar cine de Bollywood a público hindú.

10) Loli mantiene el contacto con los compañeros que aún viven, hasta el punto de que tiene en el bolso lotería, para la próxima Navidad, que comparte desde hace más de treinta años con la otra taquillera del cine Astoria.

Trece años después de su cierre, y tras polémicas electorales y proyectos de todo tipo, en los que estuvo implicado el actor Antonio Banderas, el edificio del cine Astoria sigue sin encontrar un nuevo uso. Por más idas y venidas que tenga, reivindicamos que el Astoria siga presente en el imaginario colectivo de los malagueños. De ahí este pequeño homenaje hecho publicación online.

Un año después de nuestro nacimiento como medio, qué mejor manera de llegar a vosotros, los cinéfilos, que seguir creando y perfeccionando este “satélite en el universo del cine”. Si disfrutáis con el séptimo arte, estáis más que invitados a ser miembros de esta tripulación astoriana.

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