Lo mejor del Atlántida Film Fest es que tú, lector y espectador, puedes ver películas que han pasado por festivales internacionales y ni de coña vas a ver en el cine. Nosotros tampoco solemos tener esa suerte, y por eso estamos felices de compartir nuestras impresiones sobre maravillas como Le parc, It’s not the time of my life o los documentales Vida y muerte de un arquitecto y Calabria. Todas ellas disponibles en FILMIN hasta el 26 de julio.

 

Le parc (Damien Manivel – Francia)

En los manuales básicos para narrar historias está escrito el final de Le parc. Por ello, esta película es un ejemplo magistral de que no importa repetir lo mil veces contado, sino el cómo se cuenta. De construcción sencilla y pilares robustos, Manivel apenas apoya la narración en tres puntos clave que dan una perspectiva singular del típico primer encuentro amoroso entre dos adolescentes. El parque, un gran recinto con zonas arboladas, montículos y un lago con embarcadero, es el espacio ideal para desplegar todo un juego de distracción entre la realidad, lo onírico y el subconsciente. (Laura Carneros)

 

Land of the little people (Yaniv Berman – Israel)

“Por una bandera están dispuestos a morir y vivir siempre y cuando se les enseñe”. Con esta cita de Theodor Herzl comienza la película del israelí Yaniv Berman, dando así una idea de dónde nace el carácter belicoso de los niños protagonistas. Hijos de soldados israelíes, una curiosa pandilla obsesionada con la caza y las armas encuentra en una antigua base militar el entretenimiento perfecto: hacer la vida imposible a dos soldados desertores que allí se refugian. Así, como en una especie de Funny games, estos jóvenes no tendrán escrúpulos en satisfacer el sadismo que han asimilado con naturalidad desde la cuna, sin que un atisbo de compasión o arrepentimiento aflore en ellos. Estrategias cruentas y tortura psicológica que actúan como metáfora de una actitud hereditaria que no deja esperanza para la reconciliación. (Laura Carneros)

Vida y muerte de un arquitecto (Miguel Eek – España)

Dentro de una dictadura, todo tiene su lado oculto, una vida en sombras, reprimida y vivida a espaldas de los demás. En este documental, el mallorquín Miguel Eek muestra esa dualidad bajo dos prismas distintos, la sexualidad y la política, centrándose en Josep Ferragut, figura relevante dentro de la arquitectura del franquismo por su visión vanguardista a la hora de modernizar el paisaje mallorquín, que se iluminaba poco a poco gracias al auge económico del país.

De personalidad poliédrica, Ferragut — que ocultó su condición sexual por temor a la persecución y al ostracismo— pagó con su vida el hacer frente a la corrupción que comenzó a imperar a la par que el turismo, los planes urbanísticos y las recalificaciones de terrenos.

A través del documental, vemos cómo el asesinato del arquitecto mallorquín acaba definido como “homicidio de un invertido sexual”, ocultándose los auténticos motivos del crimen, gracias a una pésima labor policial y a una familia que huía de la polémica.

Aun teniendo una realización pulcra y de cierta estilización, el documental cae en un error de desequilibrio narrativo al no cumplir lo que reza en su título, centrándose más en la muerte y sus circunstancias que en la vida y logros artísticos del propio Ferragut. (Javier Acedo)

 
Those who make revolution halfway only dig their own graves (Mathieu Denis, Simon Lavoie – Canadá)

Con un nombre tan largo y pretencioso como su duración, el resultado de la colaboración de Mathieu Denis y Simon Lavoie intenta ser un retrato de cuatro izquierdistas radicales de Quebec que siguen luchando después de que se apagara la así llamada “primavera de arco” de 2012, la movilización de estudiantes en contra del anuncio de un incremento en el precio de las matrículas universitarias.

Los cuatro personajes ficcionales, jóvenes revolucionarios con apodos ridículos, lo único que provocan es la irritación por su retórica banal y la perplejidad por sus acciones verdaderamente estúpidas. De igual forma los métodos técnicos que usan los directores y que también pretenden ser revolucionarios solo generan incomprensión y rechazo: a menudo se cambia entre tres o cuatro tipos de relación de aspecto sin lógica alguna (por lo menos sin una evidente para mí), se mezclan las escenas de actuación teatral con las crónicas de revueltas y revoluciones, así como para subrayar su patetismo se usa el texto sobre la pantalla (lo que sugiere a muchos críticos la comparación con Godard). A la “experimentalidad” de la película contribuyen asimismo la apertura con la pantalla negra, que dura cinco minutos, y la intermisión supuestamente burlona en la mitad. Todos esos ejercicios de pretensión podrían ser perdonados si fuera el propósito inicial de los directores subrayar de esta manera la banalidad y la falta de sentido común de los desafortunados revolucionarios, pero en este caso solo contribuyen al enfado global que se genera durante las tres largas horas de la película. (Anna Kulyk)

 
Calabria (Pierre-François Sauter – Suiza)

En una funeraria en Lausana trabajan dos expatriados: Josè, portugués, y Jovan, un gitano serbio. Un día llega el momento para que se conozcan mejor: deben llevar el cuerpo de un inmigrante al sur de Italia para que sea enterrado en su tierra natal.

Este acontecimiento no hubiera ocurrido sin la mano de Pierre-François Sauter, que buscó los personajes para su documental recorriendo decenas de funerarias en Suiza. Después de encontrarlos, colocó un par de cámaras en el coche fúnebre y grabó las conversaciones, a veces provocándolas, y otras dejando que tomaran su propio camino.

Ese trabajo de repatriación crea una dinámica muy interesante entre los dos hombres; ellos descubren sus diferencias a través de ese proceso y llegan asimismo a reconocer sus similaridades. Tras las conversaciones dan rienda suelta a su subconsciente y se manifiesta el proceso de pérdida de su identidad nacional, los dolores de su pasado y presente. Todo ello intercalado con las imágenes bellísimas de las carreteras, la nieve, la playa, con el silencio que es parte ineludible de un viaje largo y con las interpretaciones de canciones gitanas de Jovan convierte esta road movie en un viaje metafórico para todos los que han dejado parte de su vida en otro lado del mundo y que inevitablemente, sea en un coche o en un ataúd, volverán a sus raíces. (Anna Kulyk)

It’s not the time of my life (Szabolcs Hajdu – Hungría)

Comparada con Un dios salvaje de Roman Polanski, en esta película volvemos a estar ante dos matrimonios adultos, con hijos, que se comportan como niños y nos hacen sentir vergüenza ajena. Sin embargo, en este caso son familia y las tramas son más realistas. Una pareja que lo tiene todo, además de un hijo hiperactivo, debe asumir que la hermana de ella, junto a su marido y su hija adolescente, se instalen a vivir en su espacioso piso. Las circunstancias les hacen volver tras haber estado un año en Escocia sin encontrar un futuro mejor. En esta convivencia forzada saldrán a relucir los egoísmos, la necesidad de llevar la razón, confesiones a medias y todo lo que se callan. Hay quien se enfrenta a una cruda realidad y le pone nombre: “No hemos podido conseguir que lo del niño funcionara. Los dos no nos hemos podido convertir en tres”. Como curiosidad, debéis saber que el húngaro Szabolcs Hajdu es el director, guionista y protagonista. (Silvia Gutiérrez)

 
Microbe et Gasoil (Michel Gondry – Francia)

Michel Gondry regresa con una película sobre la amistad en la frágil etapa de la adolescencia. Microbe y Gasoil no encajan con el resto de su clase. A Microbe siempre le confunden con una chica y lo llaman así por su pequeño tamaño. Y a Gasoil le ponen este apodo porque huele a gasolina. Ambos unirán fuerzas ante la adversidad: “Tranquilo. Un día los tendremos comiendo de la mano. Los abusones son las víctimas del mañana”. Con estos consejos de Gasoil y su desenvoltura con la mecánica, ambos construyen un coche pieza a pieza para recorrer Francia en verano. Durante esta alocada aventura, habrá situaciones inverosímiles tratadas con cierta ingenuidad y magia, como ocurre en el cine de Michel Gondry. Como madre de Microbe, aparece una Audrey Tautou (Amelie) desaprovechada y muy secundaria. (Silvia Gutiérrez)

Yo, Olga Hepnarová (Petr Kazda, Tomás Weinreb – República Checa)

En 1971, Jeannette cantaba: “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”. Dos años más tarde, Olga Hepnarová atropellaba a los transeúntes que esperaban un autobús, dejando varios muertos y heridos tras su paso. El motivo de este violento acto lo plasmaba en una carta que envió a varios medios de comunicación: “Mi veredicto es: Yo, Olga Hepnarová, víctima de vuestra bestialidad, os condeno a pena de muerte”. Entre estos dos sucesos hay un abismo, pero una misma razón, el grito de culpa de una vida maltratada, física y psicológicamente, por una sociedad hermética y represora. En el caso de Olga Hepnarová, su desgarradora declaración iba dirigida, primero, a su familia —una desoladora unidad familiar, protagonista de la última escena del film, que se convierte, para el que suscribe, en una de las secuencias del año—, y segundo, a un entorno social de tintes kafkianos, autoritarios y sin ningún atisbo de comprensión hacia sus congéneres.

Partiendo de testimonios fidedignos y documentos judiciales del proceso a Hepnarová, Kazda y Weinreb ofrecen un retrato sin intención de juicio, duro y áspero, sobre su figura y su compleja personalidad, una bomba de relojería psicológica en la que el espectador es consciente del fatídico desenlace desde el primer momento.

Visualmente deudora de films como La cinta blanca (Michael Haneke, 2009) e Ida (Pawel Pawlikowski, 2013), la película atrapa desde un primer momento, aunque podría haber sido objeto de una segunda visita a la sala de montaje, dado el declive de interés que el espectador puede sentir durante su desarrollo. (Javier Acedo)

La semana que viene volveremos con más, y mientras tanto, como adelanto de lo que vendrá, aquí tienes algunas recomendaciones de películas que no te puedes perder y a las que ya les hemos echado el ojo: Júlia Ist, La maldita primavera o Malgré la nuit, entre otras…

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