A lo largo de la historia del cine español hay un género que no solo no decae, sino que, en los tiempos de crisis que corren, va en aumento. Este es el cine social.

techo_comida_poster

Cartel de la película «Techo y comida» (2015)

Ya sea en forma de drama (Techo y comida), thriller (Celda 211) o comedia (Perdiendo el norte), el cine social abunda en las producciones y las salas de cine españolas y no españolas. Y es que no es nada nuevo convertir el arte de un autor en, como decía el poeta Gabriel Celaya refiriéndose a la poesía, “un arma cargada de futuro”. El cine y el arte en general, en cuanto mímesis de la realidad, siempre tendrán una función social que ayudará al autor a mostrar con cierto espíritu crítico un aspecto de la realidad que le preocupe en el momento de la creación de la obra.

A lo largo de la historia del arte ha habido más o menos proliferación de este tipo de cine, literatura u otras artes, que hoy en día se considera un género en sí mismo. Podemos hacer un recorrido desde la novela realista y naturalista europea del siglo XIX, pasando por la poesía y la novela social española de la generación del 50 o del medio siglo, y finalizando por el cine social que se viene haciendo en España casi desde que empezó la democracia, que tiene su máximo exponente en la década de los 90 y principios del nuevo milenio con títulos como Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, sobre el problema del paro en España durante la crisis y la reconversión industrial de Vigo; Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz, que trata el tema de las drogas y la movida madrileña (en literatura, a la novela de José Ángel Mañas en la que está basada la película se la cataloga dentro del realismo sucio, lo que añade un nuevo matiz a la novela y al arte de carácter social); Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín, sobre la violencia machista; Pídele cuentas al rey, de José Antonio Quirós, que aborda el problema de la minería Asturiana; y Mar adentro, de Alejandro Amenábar, sobre la eutanasia. Aunque el mismísimo Buñuel ya cultivó este género con su film Los olvidados en 1950, que coincide con el boom del arte de carácter social durante la posguerra española y la dictadura franquista; un arte que en la mayoría de las ocasiones se realizaba en el exilio, si bien hay excepciones, como por ejemplo las novelas La familia de Pascual Duarte o La colmena, de Camilo José Cela, las cuales, eso sí, tuvieron que pasar la censura franquista.

tambien_lluvia_tosar_garcia_bernal

Luis Tosar y Gael García Bernal en «También la lluvia» (2010)

En los últimos años destacan títulos como Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro, y La voz dormida, de Benito Zambrano, sobre la represión sufrida por las mujeres durante la posguerra y el franquismo; También la lluvia, de Icíar Bollaín, que aborda el problema que suponía para la clase social más baja la privatización del agua en la Bolivia del año 2000, entre otros temas; Cinco metros cuadrados, de Max Lemcke, que trata sobre las consecuencias del boom inmobiliario en España de hace unos años; y la ya mencionada anteriormente Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo, sobre los desahucios en España durante la crisis social que hasta la fecha no ha superado Europa. En fin, una lista de títulos que sería casi innumerable e interminable. Y es que el cine, sin llegar a conformar una tesis, según mi opinión y mi visión como director, en ciertas ocasiones debe servir para mostrar de una forma sutil, simbólica y metafórica la realidad que nos rodea, con un espíritu crítico que haga al público reflexionar y tomar conciencia de ella para que, en la medida de sus posibilidades, procure, con su granito de arena, mejorar la sociedad que lo rodea. Eso es lo que intento yo hacer con mis cortometrajes y lo que intentaré hacer cuando me proponga y pueda realizar mi primera película.

jesus_gravan_presentacion_colaboradoresEscritor, guionista, productor y director. En definitiva, un hombre de cine.