En el momento histórico que vivimos actualmente, en el que la mujer está reivindicando su papel en la industria cinematográfica, destaca especialmente el caso de Japón por la escasa presencia de mujeres tras las cámaras. Tras presentar a 5 directoras de cine francesas, es el turno de 5 cineastas japonesas.

La popular actriz nipona fue, junto a Tazuko Sakane, la gran pionera del cine dirigido por mujeres en Japón. Tanaka fue mundialmente conocida por ser la gran musa del maestro Kenji Mizoguchi —con quien colaboró en más de diez títulos, incluidos algunos de sus films más célebres como Cuentos de la luna pálida de agosto (Ugetsu monogatari, 1953) o El intendente Sansho (Sansho Dayu, 1954)—, además de haber trabajado junto a otros grandes cineastas japoneses como Yasujiro Ozu o Mikio Naruse. A pesar de la corta carrera de la autora, que solo comprende seis filmes, Kinuyo Tanaka demostró una gran sensibilidad a la hora de contar historias románticas. Sus protagonistas, mujeres modernas que rechazaban el papel que la sociedad les imponía, aparecen en obras como Cartas de amor (Koibumi, 1953), La luna se levanta (Tsuki wa noborinu, 1955) o Pechos eternos (Chibusa yo eien nare, 1955).

Probablemente la directora de cine japonesa más conocida en el ámbito internacional, Naomi Kawase, con sus cuatro galardones y cinco nominaciones en el Festival de Cannes, forma parte del grupo de nuevos autores japoneses, entre los que encontramos a Hirokazu Koreeda o Sion Sono. Tal y como comentamos en el artículo Naomi Kawase: la belleza de la pérdida, podemos diferenciar dos etapas en su cine, ambas marcadas por el abandono que sufrió cuando era niña por parte de su padre. Destacamos films como Shara (Sharasojyu, 2003), El bosque del luto (Mogari no mori, 2007), o la más reciente, Hacia la luz (Hikari, 2017). Nara, su ciudad natal, la naturaleza, la soledad y la familia son algunos de los grandes temas que la autora ha desarrollado a lo largo de su obra. Kawase prepara actualmente el que será su primer largometraje protagonizado por una actriz occidental, la francesa Juliette Binoche.

El cine de Naoko Ogigami se ha relacionado a lo largo de su carrera con las palabras japonesas iyashi-kei eiga, que hacen referencia a un estilo que consigue curar heridas emocionales. Tras trabajar como operadora de cámara y ayudante de producción, Ogigami comenzó a escribir y dirigir sus propios proyectos, hasta la fecha dos cortometrajes y siete largometrajes. El contraste de diferentes culturas o modos de vida es el eje temático de su obra, ya se trate de personalidades opuestas conviviendo en Japón como de personajes nipones viajando a países extranjeros. Podemos destacar films como Yoshino’s Barber Shop (2004), Restaurante Kamome (Kamome shokudo, 2006) o Glasses (Megane, 2007), además de su obra más reciente, Close-Knit (Karera ga honki de amu toki wa, 2017), de la que hablamos en el artículo 10 películas con protagonistas trans que no deberías perderte.

A pesar de su corta carrera, Nishikawa se ha convertido en una de las grandes voces del cine japonés actual. Tras comenzar su trayectoria de la mano de Hirokazu Koreeda, con quien trabajó en films como After life (Wandafuru raifu, 1998) o Distance (2001), la cineasta japonesa escribió y dirigió su primer largometraje, Wild Berries (Hebi ichigo, 2003), producido por el propio Koreeda. Al contrario de lo que veíamos en el cine de Naoko Ogigami, las historias de Miwa Nishikawa son mucho más oscuras, con personajes mentirosos y manipuladores. Jugando constantemente con la comedia negra, la autora se aprovecha de la debilidad o inocencia de quienes rodean a sus protagonistas, que acostumbran a ser masculinos, ya que afirma que se siente más valiente al plasmar sus inseguridades con ellos y no con personajes femeninos que puedan acercarse más a sí misma. Podemos destacar películas como Indecisión (Yureru, 2006), Dreams for Sale (Yume uru futari, 2012) o The long excuse (Nagai iiwake, 2016).

La prestigiosa fotógrafa japonesa ha conseguido marcar su propio estilo en una obra repleta de color y brillo. Tras dirigir anuncios publicitarios y videoclips, Ninagawa se pasó al mundo cinematográfico, que actualmente compagina con su carrera como fotógrafa. A pesar de haber dirigido únicamente dos films —Sakuran (2006) y Helter Skelter (Herutâ sukerutâ, 2012)—, la nipona ha llamado la atención del público por su forma de retratar a personajes femeninos presionados por su entorno, donde la extravagancia y los colores llamativos sirven para denunciar los cánones de belleza que la sociedad impone a la mujer. Los dos films dirigidos hasta el momento por Ninagawa son adaptaciones del manga, en el caso de Sakuran una retrospectiva del mundo de las geishas en la antigua Japón y en el de Helter Skelter una crítica a la cirugía plástica.

A esta lista podemos sumar otros nombres como los de Mipo Oh, Mari Asato, Yukiko Mishima o Yuki Tanada, además de los de otras cineastas cuyas carreras, a pesar de estar en pleno desarrollo, han demostrado tener mucho que aportar al panorama actual, como Momoko Ando —de quien podemos destacar A piece of our life (Kakera, 2009), drama romántico que normaliza la relación amorosa entre dos chicas— o Naoko Yamada —que destaca en el campo de la animación gracias, especialmente, a su último film, A Silent Voice (Koe no katachi, 2016)—.

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